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Derecho a la vida

La biología y la ciencia son claras, desde la concepción hay una vida humana.

Por:

Derecho a la vida
ALEX FABIÁN
MARTÍNEZ PANETTA

El derecho a la vida, que protege y defiende la existencia del ser humano, es sin duda, base y sustento de los demás derechos. Pues, la Constitución de Colombia en el artículo 11 dice:

“El derecho a la vida es inviolable”. De allí que la mayor incidencia en la violación de este derecho, donde quiera que tenga lugar, es un indicativo de la gravedad de la situación de los Derechos Humanos en un país. La Convención Americana sobre Derechos Humanos, ratifica en el artículo 4: “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida.  Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción.  Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”.

Es contradictorio que, en Colombia por un lado reconozcamos que el derecho a la vida es inviolable y por otro la destruyamos, creando leyes que despenalicen el aborto, a partir de las tres causales de la sentencia C – 355 del 2006; y la del 21 de febrero del 2022, con la sentencia C – 055, que es la despenalización del aborto hasta la semana 24 de embarazo, donde el bebé ya percibe sabores a través del líquido amniótico; sus órganos sensoriales ya estarán desarrollados y podrá abrir y cerrar los ojos a su antojo; el oído estará totalmente establecido. Así vemos la grandeza de la vida humana.

La biología y la ciencia son claras, desde la concepción hay una vida humana, una nueva vida, distinta a la de los padres, con toda la información genética para ser único. No se puede ocultar o minimizar el hecho de que todo embarazo implica la existencia de otro ser humano, distinto de la madre.

Tutelar el supuesto derecho a suprimir una vida humana inocente, pone en riesgo el fundamento mismo de nuestro orden social y del Estado de Derecho. El aborto directo es una práctica violenta contraria al don de la vida. Una nación que permite el asesinato de inocentes desde el vientre de sus madres, es una nación condenada a no tener paz. Esta situación exige, que todo hombre y mujer de buena voluntad, creyentes o no creyentes defendamos la vida.

Todos estamos convocados a proclamar de manera firme, fuerte y clara, que la vida es sagrada. Queremos ser los pies de los que no pueden marchar, la voz de los que no pueden gritar para defender su dignidad y sus derechos.

 

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