HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

Aumento de la violencia

La política hace parte de la naturaleza humana. Pareciera que la violencia también. La mezcla de política y violencia ha llevado a la especie a atrocidades que a pesar de arrepentimientos y perdones, tienden a repetirse sin fin. Pasa igual cuando se mezclan política y religión: la violencia se torna inminente. Colombia tiende a tensionarse en época electoral. Se siente un ambiente pesado, con sensibilidad extrema. Se aprovecha para sacar al sol lo que estaba enterrado o el odio represado. Somos una sociedad apasionada en política, hasta el extremo de que algunos se arman de tiempo en tiempo para intentar que sus ideas sean aceptadas a la fuerza por las mayorías apasionadas, pero desarmadas. La novedad es que empiecen a aparecer expresiones violentas, o por lo menos atropelladoras de los demás en lo religioso, como sucedió en estos días de campaña en la Catedral de Bogotá. No se puede dejar crecer esa amenaza. Es la más peligrosa. Nos ufanábamos de no tener esa fuente de violencia en el país. Pararla de inmediato es deber de curas, obispos, cardenales, pastores, rabinos, chamanes y líderes políticos.

En este contexto, el nivel de seguridad que muestran las cifras no es bueno. Repuntan homicidio, secuestro, extorsión y asesinatos de miembros de la Fuerza Pública, al igual que los heridos de ésta y los hurtos a personas.

Los homicidios en 2021 sumaron casi catorce mil, un promedio de 1.166 mensuales; crecieron 13% con respecto a 2020, cuando cada día asesinaban 34 personas; en 2021 pasamos a 39 muertos por día volviendo a los niveles de 2015, un retroceso de 7 años*. La tasa de muertes violentas por cada 100.000 habitantes también ha aumentado de manera preocupante. En enero y febrero de este año, el homicidio ha aumentado otro 3% concentrado en 25 capitales y en zonas rurales que ha destacado la ONU. The Economist publicó un cuadro que debería ser brújula de los gobiernos futuros: lo denominó “Premios de Paz” y muestra cómo los homicidios habían venido bajando entre 2000 y 2018, por la acción reforzada de las FFAA al final de Pastrana y durante Uribe y Santos y luego, como consecuencia de la PAZ desde 2016; sin la seguridad democrática y sin implementar la PAZ, pasamos a un aumento de la violencia en 2019, 20 y 21. Ojalá no sea tarde para que el 7 de agosto el nuevo gobierno retome la puesta en marcha de los Acuerdos de Paz y dé nuevas guías a las FFAA para poder ver otra vez descensos en la violencia sostenidos y rápidos.

El secuestro también creció. Es síntoma de desgreño regional de la seguridad. Pasamos de 80 secuestros en 2020 a casi 100 en 2021; en los dos primeros meses de 2022 llevamos 18, número muy alto y que desbarata la mejoría de este azote nacional en la última década, también como fruto de los Acuerdos de Paz y de una mejor acción de las FFAA.

Están robando un 18% más este año que en enero y febrero del año pasado, con 750 hurtos al día una tercera parte de ellos con armas o violencia. Es síntoma de desgreño urbano de la seguridad. La extorsión aumentó 12% en enero y febrero pasados con 1.428 casos denunciados, una tercera parte de los ocurridos. La mayor extorsión es síntoma de desgreño urbano y rural de la seguridad y de fortalecimiento del crimen organizado. Los actos terroristas y los hostigamientos se duplicaron, asomo de desgreño en la guerra y en la paz. La erradicación manual de coca cayó 12%, desgreño en los acuerdos con los EEUU.

De la Fuerza Pública 148 miembros han sido asesinados y 1.102 heridos en servicio, el doble del año pasado. Casi se cumplió la profecía nostradámica del general (r) Barrero, hoy enredado, en el empalme de 2018, sobre el uso masivo de los hospitales para los miembros de la Fuerza Pública que serían heridos en los siguientes cuatro años. Ese sacrificio adicional de policías y soldados no se ha traducido en seguridad para la gente, por ausencia de política de paz y falta de liderazgo e instrucciones a nuestra Fuerza Pública.

*Exministro de Estado 

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