HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

Campaña enlodada

Siguen conociéndose casos de financiación irregular en la campaña de Gustavo Petro. Si no fueran suficientemente reveladores los audios de Benedetti y la confesión del hijo del Presidente, Nicolás Petro, sobre el ingreso de dineros del narcotraficante Santander Lopesierra a la campaña, una reciente investigación periodística da a conocer el apoyo político y por supuesto en dinero, de otro narco, Juan Carlos López, alias ‘El Sobrino’.

Lo manifestado por el exembajador en las conversaciones con la exsecretaria privada del Presidente, es muy delicado y comprometedor. Cosa distinta es que, con el paso de los días y con tanta noticia, se difumine, y que el político -que se pasea sabroso por Europa en acto desafiante dado su prontuario- haya decidido callar, quién sabe a qué precio. Su cara de felicidad evidencia que le sirvió el chantaje y que puso las reglas de su silencio.

Sobre la confesión de Nicolás Petro, sí incrimina al Presidente y los directivos de la campaña, aunque diga que no conocían del ingreso del dinero. Si sabían, no es el tema: el hecho cierto es que hubo uso de un dinero no solo no reportado, sino de procedencia ilegal y que ese y los demás recursos no declarados podrían explicar el triunfo de Petro y en particular los 700 mil votos de más que sacó en segunda vuelta en la Costa Caribe.

Por último, la investigación de Ricardo Calderón, de Noticias Caracol, que da cuenta del apoyo político -y que conllevó el uso de dinero- de un reconocido mafioso de Casanare contubernio con militantes del Partido Colombia Humana. Apoyo que en su momento ni el candidato ni la campaña rechazaron públicamente; necesitaban los votos y cada voto cuenta más en una región donde la izquierda ha tenido poco arraigo.

Tres hechos con dos denominadores en común: dineros turbios y no reportados. Unos dirán que aún no se ha probado el ingreso de los $15.000 millones que adujo Benedetti, que los dineros de Nicolás Petro nunca entraron porque no quedaron registrados en los libros oficiales de la campaña, y algo similar con el apoyo del narcotráfico en los Llanos. Seguirán diciendo que no pasó nada porque el candidato y su campaña no se enteraron.

Los escándalos que los rodean redujeron a cenizas su relato. Y no por acusaciones de la oposición, sino por los hechos delictivos y las desvergüenzas que protagonizan los de su círculo más íntimo.

Se equivocan. El que dineros, limpios o sucios, no estén en la contabilidad de la campaña no significa que no hayan ingresado, es decir, que no hayan existido. Cumplir topes no es un formalismo que se agota en lo reportado: debe tener en cuenta todos los ingresos y gastos, pues incide en el resultado electoral ¿Acaso creen que iban a registrar los dineros de Santander Lopesierra, de ‘El Sobrino’, y los de Benedetti? No nos crean tan ingenuos.

Los hechos empiezan a demostrar que la financiación de la campaña fue irregular y que no se trata de unas pocas manzanas podridas o un caso de infiltración difícil de detectar; no hay infiltración cuando hay consentimiento y este no tiene que ser expreso. Petro se benefició políticamente de esos dineros y del efecto electoral asociado a los mismos. ¿O creen que los 15.000 millones de Benedetti fueron a parar a una fundación de caridad?

Debemos ser, sin embargo, realistas: nada le va a pasar al Presidente Gustavo Petro; saldrá incólume de la Comisión de Acusaciones, mas culminará el mandato pesando sobre sus hombros una mancha indeleble sobre su legitimidad. Nicolás Petro terminará, si acaso, con una sanción menor, por colaboración con la justicia ¿Y Benedetti, uno de los máximos exponentes de lo peor de la política? Ojalá la Corte Suprema, en justicia, lo postre tras las rejas, por este o por otros delitos. Colombia no se merece tanto cinismo y putrefacción.

*Exministro de Estado.

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