HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

Decidir en política

Vida y vivir se encuentran marcados por una sucesión de decisiones que constituyen una de las más notables manifestaciones de nuestro libre albedrío. Decisión sabemos que es la firmeza, seguridad o determinación con la que hacemos algo esperando y confiando en acertar. Si nada decidimos, nada llevamos a efecto. Decidir es algo complejo a lo que no nos podemos sustraer y cada vez resulta más actual aquello que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras. No obstante, quienes tienen ocasión, oportunidad o motivo de pronunciarse sobre algo, en particular los personajes públicos, son víctimas aparentes de una incontenible verborrea. No miden ellos las consecuencias de sus decires, por lo que frecuentemente resultan víctimas de ellos con lamentables resultados en la mayoría de los casos.

Es tiempo de tener y caer en la cuenta que cuando decidimos lo hacemos expuestos al mundo, a la curiosidad, al morbo muchas veces, a la contradicción, a un gran riesgo, por lo que es aconsejable hacerlo con el mayor de los cuidados; y, aunque parezca que es como siempre fue, el riesgo hoy es mayor y en ello la tecnología cuenta, pues todo queda registrado, de ahí el gran cuidado que debemos tener al decidir, sobre todo en política, esa actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, donde las decisiones firmes cada día y cada vez más brillan por su ausencia, como consecuencia de la apuesta por los políticos que se dicen gestores y mucho predican.

Regir los asuntos públicos es algo más que administrarlos o gestionarlos y parecería que no se han dado cuenta de ello. Es un todo muy serio que entraña gran responsabilidad y compromiso. El gestor los administra. Los políticos deben aspirar a ser al menos innovadores, si no está a su alcance el impulso creador. Deben ser definidores del ideario, quienes lo actualicen, o quienes los secundan y les den vida. Decisores. En ello radica la conexión imprescindible decisión / política / ideología, triada que es esencia, sustancialidad, fuente viva y articuladora de los idearios políticos.

Si se prescinde de lo cual, nada tiene recorrido ni permanencia. Si se trata de saber solo quien manda, o quién va a mandar, la cuestión carece de interés, salvo para los que se postulan para el mando y sus corifeos; muchos o pocos, lo mismo da. Ante las realidades políticas hay que intentar conocer: quién, cómo y para qué manda. Cada vez se acentúa más el quién, y se va evaporando el para qué. Mirar por dónde, es lo que realmente importa, y es lo que debería determinar la decisión de votar de manera definitivamente inteligente.

Es tiempo de reivindicar la política grande, como el verdadero y robusto liderazgo, mismo que no se alcanza por el solo hecho de estar ahí. Los discursos cuando no se encuentran articulados con las propias realidades, necesidades y demandas poblacionales, debe ser impugnado, lo que indica que no debemos confundirnos y decidir bien y mejor, para que no mande quien mandar no debiera. Es concluyentemente el tiempo, el momento; y a tiempo estamos, de reivindicar la política y el verdadero liderazgo, a ver si por fin podemos llegar a donde debemos estar. [email protected]

*Abogado

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