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Reavivar nuestra fe, mensaje de la Misa Crismal

La ceremonia fue presidida por monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla, en la Catedral Basílica de Santa Marta.

Con mucha devoción y cumpliéndose paso a paso los tradicionales actos religiosos, se celebró en la mañana de ayer, la Misa Crismal, en la Catedral Basílica de Santa Marta.

La ceremonia fue presidida por monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla, quien al iniciar la ceremonia expresó con mucha devoción las siguientes palabras:

“Amados hermanos en el Señor, en estos tiempos marcados por el dolor, esta Iglesia que peregrina en Santa Marta, se reúne  en la Fe y en la actualización del sacerdocio de Cristo, que se nos ha confiado para reavivar el don de Dios, recibido por la imposición de las manos para servir al que nos amó y se entregó por nosotros, con el propósito  de que los que estamos aquí reunidos por el sacramento del Bautismo y la acción del Espíritu Santo, alcancemos los frutos de esta sublime alabanza y sacrificio que nos salva y pidamos la gracia del perdón, con un corazón pobre y sencillo. El Señor tenga misericordia de nosotros. Perdone nuestros pecados y nos lleve a la Vida Eterna. Amén”.

Continuó diciendo: “Mis queridos sacerdotes, seminaristas, religiosos y delegaciones presentes, muchas gracias por invitarme a presidir esta celebración. Con esta Eucaristía renovamos nuestros votos sacerdotales y realizamos la bendición de los santos oleos destinados a los sacramentos. Recordamos con afecto en este día a monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval, quien nos acompaña desde la Eternidad. Gracias mis queridos sacerdotes por su entrega, sacrificios, y por la lucha de todos los días en la donación a sus fieles, muy a pesar de la precariedad en que se encuentran nuestras comunidades. El anuncio del Evangelio debe ser un proceso de curación para curar los corazones desgarrados”.

Acto seguido se le dio lectura a las promesas sacerdotales y a la procesión de las ofrendas, a cargo de un grupo de sacerdotes.

Después de la ofrenda, monseñor Pablo Emiro Salas Anteliz, procedió a realizar la bendición de los santos oleos e impartir la Comunión Espiritual, cumpliéndose los protocolos de bioseguridad autorizados por la Iglesia Católica.

Al terminar la Solemne Misa en la cual se han consagrado los santos oleos, se hizo la siguiente Lectura: “Es mi deber de advertirles sobre su uso y manejo de los santos oleos. Ya que al consagrarlos y bendecirlos quedan solo para el uso exclusivo sacramental”.

Los santos óleos en el catolicismo son tres: el santo crisma, usado para ordenaciones, confirmaciones, bautizos y consagraciones de altares e iglesias; el óleo de los catecúmenos, usado para ungir a los que están preparándose para el bautismo, y el óleo de los enfermos, usado en el sacramento de la unción.

Por intermedio del Santo Crisma, Dios marca para siempre al que le recibe dándole la fortaleza necesaria para llevar una vida conforme a los valores del Evangelio.