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Mi voto

Fernando Molina
Publicado el May 30, 2025
Por
PABLO
TRUJILLO
ÁLVAREZ*
En aproximadamente un año, celebraremos la primera vuelta de las próximas elecciones presidenciales.
La gran mayoría de los colombianos esperamos ansiosos la posibilidad de desterrar al petrismo, cuya victoria electoral del 2022, por un margen de tres puntos porcentuales del electorado, ha desencadenado el mayor retroceso de los últimos treinta años en la historia de nuestro país.
Los frutos del “cambio” resultaron amargos, tanto para las masas desfavorecidas que el presidente manipuló para llegar al poder, como para aquellos elementos de la élite que vieron en Petro un reformista socialdemócrata y en sus pares del centro a la derecha el enemigo a derrotar.
Ningún gobierno en la historia reciente ha resultado tan pernicioso para los intereses de los colombianos más pobres, desprotegidos ante el deterioro de la economía, los servicios públicos y la seguridad.
Ningún gobierno desde el Frente Nacional, proceso que consolidó en Colombia una democracia ininterrumpida durante casi setenta años, ha sido tan abiertamente hostil a las bases de esa democracia, como lo son la prensa, las cortes y la oposición en el Congreso. Medio país cometió un error. Ahora corresponde corregirlo.
Como ciudadano, hoy quiero fijar los requisitos mínimos que tendrá que cumplir la próxima persona en recibir mi voto, ejercicio que le recomendaría a todos mis lectores colombianos.
En primer lugar, no votaré por nadie que haya trabajado en el “gobierno del cambio.”
Indudablemente, por ahí pasaron algunas personas sumamente respetables, cuyos esfuerzos mitigaron los peores excesos del mandato petrista, sobre todo en el primer año.
No concuerdo con ellos en muchos aspectos críticos, pero siempre le agradeceré al exministro de Hacienda José Antonio Ocampo haber velado por la independencia del Banco de la República y al exministro de Educación Alejandro Gaviria haber expresado desde el gobierno su rechazo a la reforma a la salud.
Sin embargo, haber creído que el proyecto petrista es compatible con la democracia, cuando millones de colombianos sabíamos que no lo era, refleja una profunda falta de criterio político.
El próximo presidente debe reconocer las amenazas antidemocráticas por lo que son y no volver a cederles el espacio que sólo han usado para destruir, saquear y sembrar odio.
Tampoco votaré por quienes en cualquier momento hayan reclamado “el cambio” como bandera política propia.
Resulta conveniente distanciarse de los gobiernos fracasados cuando sus consecuencias son evidentes, atribuyéndole sus problemas a las carencias personales del dirigente, su círculo cercano o sus aliados dentro de la política corrupta y oportunista.
Lo cierto es que la misma idea del “cambio,” como proyecto utópico y emancipatorio que buscaba refundar la patria en torno a una nueva visión ambiguamente socialista, siempre estuvo equivocada.
En Colombia tenemos una república liberal y democrática, profundamente imperfecta, pero que en su esencia institucional debemos proteger. Quienes no vean eso no deben volver a gobernar.
Finalmente, solo votaré por alguien que pueda fijar una nueva agenda para el país, basada en la protección de la separación de poderes, la libertad de prensa, la lucha contra la criminalidad y el fortalecimiento del sector productivo y la sociedad civil.
Puedo tener desacuerdos, inclusive profundos, con una persona cuya formulación de esa agenda difiera de la mía, pero siempre y cuando esté comprometida a esos objetivos, estaré dispuesto a otorgarle mi voto.
Afortunadamente, contamos con un amplio abanico de candidatos que cumplen con los requisitos que he delineado. Conservo intacta la esperanza de que el 7 de agosto de 2026 será un nuevo día para Colombia, a pesar del entonces ciudadano Gustavo Petro.
*Analista
Mi voto
AUTOR
Fernando Molina
Publicado el May 30, 2025
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