HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Elecciones británicas

Tenemos bien sabido que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte ha sido un modelo de funcionamiento democrático. Cuenta con instituciones para su vida política muy civilizadas, basadas no tanto en normas cuanto en tradiciones bien respetadas. Observar ese sistema político es una lección de alta cultura ciudadana. La convocatoria de estas elecciones para el 4 de julio es un ejemplo de ese altísimo grado de consenso y confianza que distingue el comportamiento político británico. No se oculta que, como ha ocurrido en otras democracias liberales, hay signos de deterioro.

El partido conservador lleva 14 años en el poder y, sin duda, ha sufrido un desgaste propio de una prolongada tenencia del gobierno y, también, de un período muy turbulento que hemos vivido durante las últimas dos décadas. Ello se ha reflejado en una sucesión de primeros ministros de corta duración y de ejecutorias muy precarias.

El sistema británico conserva su bipartidismo, conservadores y laboristas, y un pequeño partido liberal. Está regido por un régimen parlamentario basado en un sistema electoral mayoritario. Se puede considerar como el ejemplo para los países que han adoptado esta forma de gobierno. Aunque muy difícil de imitarlo en su plenitud, porque no es fácil construir de la noche a la mañana las virtudes y comportamientos que se necesitan para que ese régimen político funcione apropiadamente y ello en una monarquía que también ha tenido muchos problemas y que la Reina Isabel II supo gestionar magistralmente, habiéndose ganado la admiración, el cariño y el respeto de sus ciudadanos y, así, la legitimidad del principal sistema monárquico existente en el mundo.

Solo voy a recordar una decisión, para algunos inusitada, en mi opinión muy acertada, de Winston Churchill cuando se discutió después de la Segunda Guerra Mundial la reconstrucción de la Casa de los Comunes, que es donde sesiona realmente en forma parlamentaria el gobierno. Churchill argumentó en favor de mantener el tamaño de este recinto para asegurar el buen funcionamiento de la misma así esta no pudiera acoger a la totalidad de los miembros del parlamento. Es que allá el juego parlamentario se hace con absoluta limpieza y reglas muy propias de caballeros y de damas.

Cuando hay sesiones de gran importancia es obvio ver una gran aglomeración a la entrada de la Casa de los Comunes porque muchos más parlamentarios de los que acostumbran asistir a las sesiones quieren hacerse presentes. Pero no hay jugaditas ni trucos ni comportamientos desleales que no respeten el juego de mayorías y minorías. Una vez establecida la mayoría, esta puede gobernar, mientras la minoría crítica y se prepara para constituirse en alternativa de gobierno.

Es lo que va a ocurrir en el próximo evento electoral. No conozco una sola opinión que diga que el partido conservador se va a mantener en el poder, o sea, que va a obtener una vez más las mayorías que le permiten gobernar. Es bien seguro que el partido laborista obtendrá esa condición y así los conservadores pasarán a ejercer la oposición y a prepararse para volver a ser alternativa de gobierno.

Es que el esquema gobierno oposición se inventó para que la democracia funcione de la mejor forma posible, un buen gobierno y una buena oposición y una posibilidad de alternarse en el poder. Abusar del poder o no dejar gobernar son dos actitudes contrarias al proceso democrático. El régimen parlamentario es ejemplar en esta materia. El presidencial no lo es tanto. La posibilidad en el régimen presidencial de que gobierne una minoría, como en Colombia ahora, hace muy difícil el comportamiento de unos y de otros e introduce elementos muy perversos en el funcionamiento de la vida política.

*Exministro de Estado

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