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El desafío del cambio climático llega a los videojuegos

Recolonizar una tierra devastada, concebir ciudades más limpias… El sector de los videojuegos y sus fans, propensos a aislarse en un mundo imaginario, intentan aportar respuestas a la crisis ecológica.

«Terra Nil» propone reconstruir un entorno degradado hasta hacer desaparecer toda huella humana, en lugar de los juegos cuyo objetivo es desarrollar una ciudad o un imperio.

«El objetivo era mostrar a los jugadores y a otros creadores que es posible crear un juego de estrategia sin explotar el medio ambiente», afirmó a la AFP Sam Alfred, de 30 años, uno de los creadores.

«Terra Nil» cuenta con más de 300.000 jugadores según su distribuidor, la empresa estadounidense Devolver Digital.

El estudio sudafricano Free Lives presenta un videojuego en el que los protagonistas descontaminan una zona radiactiva con girasoles o construyen viveros de coral en la Gran Barrera australiana.

«Nuestros juegos intentan reproducir procesos reales, naturales o artificiales, de una manera divertida», explica Sam Alfred. «Esto implica simplificarlos al extremo y tomar algunas libertades creativas».

El creador de ciudades virtuales «Cities: Skylines» introdujo en 2017 una extensión más ecológica del juego, «Green Cities», y dos años más tarde el veterano de los juegos de estrategia «Civilization VI» implementó por primera vez el cambio climático en sus partidas. Lo que provocó la ira de algunos jugadores.

«Green Cities polarizó sorprendentemente al público», recuerda Mariina Hallikainen, directora general del estudio finlandés Colossal Order. «Nos acusaron de arruinar el juego mediante la politización».

Para Benjamín Abraham, especialista en temas ambientales en la industria de los videojuegos, aunque los títulos actuales reproducen cada vez mejor parámetros como el clima o el calentamiento global, sigue siendo muy difícil para los creadores incluir las decisiones a veces impredecibles de los humanos, como las opciones políticas.

Decididos a cambiar las cosas, varios creadores de videojuegos montaron en 2019 una división clima en la gran asociación internacional que los agrupa (International Game Developers Association, IGDA).

«La idea es generar un impacto cultural positivo en la estética, la narrativa, las mecánicas de juego y la tecnología», detalla Arnaud Fayolle, quien se define como un «ecoansioso».

Algunos juegos proponen modos «eco», que reducen el consumo eléctrico de las consolas y computadoras de los jugadores. /AFP

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