HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

Humanismo y cultura

La realidad por la que transitamos hoy se caracteriza de alguna manera, para describirlo brevemente, por la gran mitificaciónde lo económico, lo técnico y lo supuestamente funcional. El porvenir que representaría la juventud se agrieta, los nacimientos descienden enormemente, la crianza de mascotas aumenta exponencialmente a ritmos alarmantes, mientras la racionalidad económica domina los hogares de millones que sueñan con más bienestar material, con mayor poder adquisitivo y una superior confortabilidad. Ciertamente, se trata de cuestiones que, de plantearse complementariamente con la dimensión ética de la vida humana, el ritmo del desarrollo sería seguramente más equilibrado porque lo económico y lo moral son realidades llamadas a vivir en armonía.

Viviendo estamos y ello se constata día a día, como lo refleja el embeleco de género y ciertas otras desviaciones, una deriva individualista profundamente antisocial que desde hace tiempo se patrocina desde las una y tantas terminales de la tecnoestructura dominante. La libertad bien y mejor entendida, la cooperación, la ayuda y la solidaridad cristiana, pierden desmesuradamente sus marcas de identidad. El Estado de Derecho, la separación de poderes y el reconocimiento de los derechos fundamentales de la persona se bambolea, mientras aparecen nuevos regímenes que amenazan gravemente el bienestar integral de las mayorías por parte de minorías, que aliadas con determinados poderes económicos y mediáticos, intentan imponer un pensamiento único que no duda expulsar del espacio de la deliberación pública todo lo que no comulgue ni se incline genuflexo ante los dictados que pretenden y quieren imponer.

Vamos camino a una humanidad vacía, hueca, que renuncia a sus valores y busca desesperadamente en el dinero, el poder y la notoriedad su nueva carta de presentación, lo que nos hace parecer, y creo que ya en el efecto lo estamos siendo, una humanidad paralizada, inerme e indefensa por una mortal crisis circulatoria, forzada a someterse a trasplantes que anulan su identidad, que vienen de los nuevos ismos que hacen de la persona un objeto de usar y botar.

Nos obliga lo cual a pensar y entender que el fundamento de la integración debemos encontrarlo en el patrimonio cultural que tenemos la obligación de edificar y seguir construyendo para que los aires destructivos a los que nos enfrentamos no socaven los fundamentos mejores y superiores que poseemos, como tampoco nos erosionen bajo la mentira insidiosa de crear un hombre mejor, un hombre nuevo y transformar el mundo de la trascendencia, en el mundo nuevo que surgiría del dogmatismo de la propia ideología, lo que no deja de ser una falacia mayor, como cada día se demuestra, como bien el tiempo lo ha hecho, al evidenciar que tales ideologías cerradas fracasaron dejando una estela de muerte y de corrupción sin precedentes.

No obstante, hoy, aunque de manera más imperceptible, como afirman connotados tratadistas y expertos en la temática, resulta que la nueva ideología, la exaltación de la racionalidad técnica y económica, va minando los rasgos morales de una humanidad que hallaba en la centralidad de la persona y sus derechos inalienables su sentido y fundamento mismo, lo que indica que no debemos seguir soportando nuestra integración única y exclusivamente en lo económico, sino en nuestra propia esencia y espiritualidad, en la seguridad que mejor nos irá. saramara7@gmail.com

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. AceptarLeer más