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Uno a uno

La relación entre el número de administrativos y de profesores en la Universidad Nacional es de uno a uno. Aproximadamente son 3.000 administrativos y 3.000 docentes. Esta relación es muy alta. En las universidades norteamericanas de primera línea, la relación puede ser de 0,4-0,5. Es decir, por dos profesores hay un administrativo. Incluso, la relación puede bajar a 0,3. La comparación administrativo/docente es uno de los indicadores que evidencia el nivel de burocratización de una universidad. En algunas públicas del país la relación puede ser superior a 1,5, así que se trata de aparatos clientelistas, que muy poco tienen que ver con la excelencia académica.

Durante muchos años fui profesor de la Nacional. A raíz del nombramiento del rector, podría aprovecharse el momento para examinar temas sustantivos para la Universidad relacionados con la calidad. El debate relevante se está dejando de lado. La decisión del Consejo Superior de la Universidad Nacional debe ser respetada, ya que es una condición sustantiva de la autonomía universitaria. La pretensión de elegir rector por mayoría llevaría a una agudización de los problemas de calidad que existen hoy en las universidades públicas. La llamada “democratización” puede resultar perversa.

En los debates de estos días se ha partido del supuesto de que la universidad pública es intrínsecamente buena. No es cierto. Algunas de las instituciones son de pésima calidad. Tampoco tiene sentido despreciar a la universidad privada. Las mejores universidades de los Estados Unidos hacen investigación básica gracias a que reciben enormes recursos del gobierno. En el país ninguna universidad privada podrá hacer investigación de punta sin recursos del Estado. Aún en el caso de las instituciones privadas de élite, las matrículas son claramente insuficientes. Para poder avanzar de manera sustantiva en la cobertura de la educación superior (universitaria, técnica y tecnológica) se requiere un esfuerzo conjunto de las instituciones públicas y privadas. Se debe tener presente, además, que no basta con ampliar la cobertura, olvidando la importancia de la calidad.

Aunque la Universidad Nacional es la mejor de las públicas, además de la perversa relación administrativo/docente, hay otros indicadores que muestran lo lejos que se está del óptimo. La Nacional está recibiendo a los mejores estudiantes del país, y la tasa de graduación a duras penas llega a 70%, cuando debería ser superior a 90%. A pesar del sistema complejo de pares y evaluadores, la Universidad ha sido incapaz de echar a los profesores malos. Este es un lastre que impide avanzar hacia la calidad.

Es sorprendente que los estudiantes no exijan que los peores docentes sean retirados. Al interior de la Universidad no hay flexibilidad de la planta. Y ello impide responder a las demandas estratégica. En las condiciones actuales es imposible mover a los docentes porque no existe una planta global adscrita a la rectoría. Desde otro ángulo, el cierre del campus con la malla ha obstaculizado la integración de la Universidad a la sociedad, y ha creado una sensación de extraterritorialidad, que no tiene nada que ver con la autonomía académica.

Estos y otros temas relacionados con la calidad, deberían ser objeto del debate público. La falta de autocrítica es notable. Los asuntos primordiales han quedado subsumidos en el imaginario de una constituyente universitaria, que nadie sabe qué significa.

*Profesor de U. Nacional y Externado

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