HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

Obispo presidió eucaristía por los 33 angelitos de Fundación

“Dios es el único que puede penetrar el misterio del dolor y salir de él con una palabra de esperanza porque para Él el dolor se convierte en redención, la muerte en Resurrección, la ausencia de este mundo en una nueva presencia entre nosotros”, dijo monseñor José Mario Bacci Trespalacios.

POR
EDGAR
TATIS GUERRA

Sublime y conmovedor. Así fueron los actos conmemorativos para honrar la memoria de los 33 angelitos que fallecieron en la tragedia de Fundación (Magdalena), el 18 de mayo del año 2014.

El Obispo de la Diócesis de Santa Marta, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, presidió una eucaristía especial donde asistieron los padres, familiares y allegados de los fallecidos, pero así mismo las autoridades municipales, funcionarios del gabinete, miembros de la fuerza pública e invitados especiales.

“En el misterio del dolor es donde más presente está Dios, es en donde Él más se inclina hacia la humanidad sufriente. Así que quienes se preguntan dónde estaba Dios en el momento de la tragedia, la respuesta es ardía en las llamas de esos cuerpos inocentes de esos angelitos de Fundación. También lloraba Él las lágrimas de sus padres, de sus madres, de sus hermanos y de sus familiares, es Él el único que puede penetrar el misterio del dolor y salir de él con una palabra de esperanza porque para Él el dolor se convierte en redención, la muerte en Resurrección, la ausencia de este mundo en una nueva presencia entre nosotros”, expresó monseñor Bacci Trespalacios.

A la misa solemne que se realizó en horas de la mañana asistieron voluntarios de los organismos de socorro como la Defensa Civil Colombiana y el Cuerpo de Bomberos e inclusive algunos funcionarios del gabinete departamental entre ellos Damián Marañón, secretario del Interior y diputados del Magdalena.

Seguidamente el Obispo invitó a los asistentes a dejarse seducir por Dios para ser verdaderamente solidarios en el dolor porque además el drama de esos niños se alimenta de tres realidades: dolor, tristeza y pobreza.

“Debemos saber que en medio de esta dolorosa situación podemos ser bálsamos divinos de modo que estas heridas cicatricen, aunque en la vida existan ciertas heridas que no cicatrizan y no cicatrizan por vivir el dolor en la soledad de las fuerzas humanas, pero las heridas se cicatrizan cuando son vividas desde el amor de Dios”, enfatizó monseñor Bacci Trespalacios.

No cabe duda de que la celebración eucarística fue un bálsamo en medio de la tristeza y el dolor que aún se percibe entre los familiares de los 33 angelitos, pero que poco a poco van sanando esas heridas.

Por su parte la alcaldesa de Fundación, Luz Helena Andrade, agradeció a todos los asistentes, a los familiares, docentes y allegados a los 33 angelitos que hace 10 años iniciaron su peregrinación al reino celestial. Aseguró que de manera especial se rememora sus vidas, risas, sueños y abrazos como ese tesoro preciado que nos alimenta el alma y fortalece el corazón.

Después de 10 años la vida sigue adelante y el amor perdura. En cada amanecer, en cada puesta de sol, en cada estrella que brilla en el cielo nocturno esos 33 angelitos viven en el corazón de quienes los amaron. Y aunque el dolor nunca desaparece por completo, el amor es más fuerte y siempre lo será.

Vale indicar que el amor por un hijo o hija es eterno. Es un lazo que trasciende la vida y la muerte. Es un vínculo que sigue latiendo en el corazón, aunque el cuerpo ya no esté. Aceptar la realidad de la pérdida es el primer paso hacia la sanación, pero también es uno de los más difíciles. Es como caminar descalzos sobre cristales rotos, pero es necesario para avanzar.

La cicatrización no significa olvidar. Significa aprender a vivir con ese dolor, a integrarlo en la propia existencia. Es un proceso lento pero esencial para encontrar la paz interior. Es permitirse sentir todas las emociones, incluso las más dolorosas, sin juzgarse a uno mismo.

Buscar apoyo en otros seres queridos es fundamental en este camino. Compartir el dolor con quienes nos rodean puede aliviar la carga y abrir espacios para la esperanza. El tiempo no borra el dolor, pero puede transformarlo. Con el tiempo, las lágrimas se convierten en sonrisas al recordar los momentos felices compartidos. Las cicatrices se convierten en símbolos de amor, fortaleza y resiliencia.

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar Leer más