HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Partidos y gobierno

El principal titular, en primera página, del periódico El Tiempo el jueves 22 de febrero me produjo una gran perplejidad. Decía así: “El partido conservador regresa al gobierno y pierde a su presidente”. Tan contundente afirmación me obligó a revisar, una vez más, el estatuto de oposición y el del partido conservador.

Es bien sabido que el estatuto de oposición, mal concebido, no les permite a los partidos políticos, sino cambiar una sola vez su declaración con respecto a su situación frente al gobierno, como independientes, de oposición o de gobierno. He criticado en varias ocasiones esta norma que me parece que no es coherente con el proceso político, con la dinámica de la vida política. Al partido conservador se le agotó ya la posibilidad de cambiar esa declaración. Al comienzo del gobierno se planteó como un partido de gobierno y, hace varios meses, cambió esa postura para declararse independiente. La condición de partido independiente no impide que un partido apoye ocasionalmente un programa de gobierno o se incorpore de alguna manera al mismo.

Por esa razón no se puede decir “el partido conservador regresa al gobierno”. No se puede sugerir que vuelve a ser un partido de gobierno. No. De ninguna manera. Otra cosa es que en su calidad de independiente decida, como partido, apoyar algunas políticas o participar en alguna decisión del gobierno.

Afirmar que el partido conservador “pierde a su presidente” es también una contundente afirmación que depende, para que tenga plena validez, de la decisión que tome la dirección del partido a este respecto. El jueves ese partido ratificó la jefatura de Efraín Cepeda.

Esta situación política vuelve a ofrecer la oportunidad de reflexionar sobre el papel de los partidos políticos en una democracia y la relación entre los partidos políticos y el gobierno. En Colombia la situación de los partidos políticos cambió radicalmente a partir de la Constitución de 1991, digo que no ha sido la mejor situación para ellos, pero el hecho concreto es que de un sistema bipartidista pasamos a tener más de 60 partidos y, ahora, entiendo que contamos con 37 partidos. Lo que sí no es apropiado es que un gobierno utilice los enormes recursos que tiene a su disposición para destruir la autoridad establecida en una fuerza política buscando así obtener votos que necesita en el Congreso al precio de debilitar gravemente el papel de un partido político en una democracia

Violentar la Constitución y la ley de bancadas con nombramientos ministeriales solicitados por un grupo de miembros de un partido político que se ha colocado en la independencia, sin contar con los procedimientos estatutarios para realizar una gestión de esta significación, y contar para ello con la complicidad o con la abierta colaboración del gobierno, es poner en marcha un mecanismo que erosiona uno de los principales soportes de la vida política democrática.

Como lo dice uno de los mejores tratadistas del tema de los partidos políticos, estos son el puente siempre recreado, una y otra vez, entre las fuerzas sociales y las instituciones políticas porque para bien o para mal el sistema de partidos es epítome del proceso político de nuestras democracias vivientes.

*Exministro de Estado

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