HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

USA – Colombia

El Embajador ante la Casa Blanca, Juan Carlos Pinzón, promovió un excelente libro sobre los 200 años de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Ha sido no solamente una relación especial, sino una que ha estado acompañada por un sentimiento de sincera amistad entre las dos naciones.

Este libro fue una especie de prólogo a las relaciones de un gobierno de izquierda, presidido por un exguerrillero y un gobierno demócrata en los Estados Unidos.

El nombramiento del Embajador Murillo, exgobernador del Chocó y miembro de una de las consultas interpartidistas integradas por aspirantes a la Presidencia de la República, fue una decisión evidentemente acertada. El Embajador Murillo, se puede decir así, gozaba de un gran aprecio entre los círculos políticos e intelectuales en Washington. No le costaba mucho trabajo entrar en una comunicación de confianza y significativa con los principales actores que juegan un papel significativo en las relaciones diplomáticas con América Latina.

Uno tiene la sensación de que tanto la administración Biden como la del Presidente Petro entendieron muy bien esta tradición de amistad diplomática y supieron acomodarse a una situación política inusitada. Supongo que ha habido muchos temas complejos que han llevado a desacuerdos y a tensiones, pero lo que se ha registrado hasta ahora es una relación tan amable y eficaz como en los gobiernos anteriores. Por supuesto, en cuanto a la lucha contra las drogas se nota una distancia apreciable que no ha comprometido la acción eficaz del gobierno colombiano en los temas de interdicción marítima y aérea. Se esperaba mucha eficacia en lo relativo al lavado de dinero, porque Estados Unidos mismo reconocía que ese no había sido un tópico que hubiera recibido la importancia y el tratamiento indispensables para lograr confrontar las cadenas del negocio criminal de las drogas ilícitas. Ha surgido el tema del fetanyl que afecta principalmente a la relación con México y que, al parecer, ha permitido una estrategia menos contundente y urgente en Colombia.

Cuando escribimos estas notas verificamos una situación muy significativa, a saber que, mientras una delegación de la propia Casa Blanca conversa con el Presidente Petro sobre la manera como él podría ayudar a superar la intransigencia del presidente Maduro, en Venezuela, frente al proceso electoral que él dice que ganará de todas maneras “por las buenas, o por las malas”. Al mismo tiempo, la candidata presidencial venezolana con más posibilidades de obtener un triunfo importante frente a una eventual candidatura del Presidente Maduro, se encontraba en Washington y se dirigía al Congreso de los Estados Unidos para expresar no solamente todas sus reservas con respecto a la posibilidad de obtener un cambio de actitud real del Presidente Maduro frente al proceso electoral, sino que también ponía en duda la eficacia de la gestión del Presidente Petro, tema en el cual algunos congresistas republicanos le hacían coro porque no solamente reiteraban su desconfianza hacia el Presidente Maduro sino, también con relación al Presidente Petro. Y no faltaba entre ellos quien considerara que la Casa Blanca debió buscar un interlocutor diferente para este tema y mencionaban el nombre del Presidente Lula o el de López Obrador, ambos gobernantes de izquierda.

Sea como fuere, no sobra reafirmar la complacencia por la continuidad de unas relaciones amistosas entre Estados Unidos y Colombia.

*Exministro de Estado