HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Alvaralice

La próxima semana la Fundación Alvaralice conmemora 20 años de una exitosa actividad como entidad filantrópica que recogió la tradición de generosidad de dos familias, los Garcés y los Echavarría. La Esperanza que hoy vive la ciudad de Cali no habría ocurrido si estas dos familias no se hubieran empeñado en poner en marcha programas muy innovativos que beneficiaron a los sectores más vulnerables de la población.

El trabajo conjunto de dos personas de muy diferente formación explica en buena parte el éxito de esta institución. María Eugenia Garcés es una personalidad excepcional. Siempre me sorprendió su capacidad de acción, su desenvoltura y la ausencia de inhibiciones. Ella no vaciló jamás en dirigirse a las más altas autoridades de muy importantes instituciones, así no hubiera tenido con ellas ninguna relación anterior, como que partía de la base de que sus propuestas eran suficientes para que le abrieran puertas y le ofrecieron una colaboración, muchas veces, de varios millones de dólares. Y muy afortunado que ella hubiera contado con la colaboración de un distinguido profesional, eficaz rector de la Universidad del Valle, quien le ofrecía una experiencia de rigor, seriedad, y buen entendimiento de las necesidades y aspiraciones de los diferentes potenciales donantes. Después de un periodo significativo vinieron directores que, en su momento, hicieron contribuciones valiosas y hoy la fundación puede estar orgullosa de sus primeras dos décadas. Tiene mucha tarea por delante no solo para Cali, sino para el Pacífico.

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Gracias a la asesoría de la hermana Albastella Barreto lograron identificar programas muy pertinentes. Muy significativa la iniciativa de los tecnocentros que el Ministro de las Tics apoyó y apreció mucho.

La fundación se incrustó muy bien en los programas de paz de los gobiernos de Uribe y Santos. El seminario sobre justicia restaurativa, que recibió amplia divulgación, trajo a Cali personalidades muy destacadas del poder judicial surafricano, tan reconocida y admirada como la del arzobispo Desmond Tutu. Fue un evento que tuvo gran repercusión y que impactó la elaboración de las estrategias de justicia para el proceso de paz. En el caso de la administración Santos recuerdo la asesoría que se le solicitó y generosamente ofreció el admirado diplomático estadounidense Thomas Pickering y cuyo contenido los directores de la fundación entregaron personalmente al presidente Santos.

El banco interamericano de desarrollo presidido por Luis Alberto Moreno, la agencia internacional de desarrollo de los Estados Unidos, la CAF dirigida por ese gran ciudadano boliviano, don Enrique García, tomaron muy en serio las propuestas de la fundación y las apoyaron con donaciones sustantivas.

La hermana Albastella Barreto fue el polo a tierra que facilitó la identificación de programas sociales pertinentes. El proyecto del Tecnocentro, muy visionario, recibió el apoyo del ministro Diego Molano y ha servido de ejemplo en otras regiones. El estrecho vínculo de la fundación con su homóloga Corona le permitió adelantar dos programas exitosos: Cali Cómo Vamos y Por Una Cali Mejor.

Hoy, más que nunca, la fundación tiene que continuar y multiplicar sus programas. Ojalá las nuevas autoridades gubernamentales, gobernación y alcaldía, cuyos dirigentes ya en el pasado contribuyeron eficazmente a la implementación de varias acciones de la fundación, aprecien en su debida dimensión lo que ella ha significado y la utilicen para que rinda, ahora más antes, nuevas iniciativas y proyectos ambiciosos que respondan a la nueva esperanza que hoy anima esta región.

*Exministro de Estado

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