HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Una madre sustituta, más allá de dar vida… Construye vidas

Por
YESENIA
CABRERA PATIÑO

Las vocaciones profesionales de un adolescente están marcadas por muchas aristas, por sus preferencias, por tradición familia, por sus afinidades académicas o por sus habilidades; pero Marta Bayona respondió al impulso de su corazón y a los 16 años dijo yo quiero ser Madre; pero no cualquier madre. Yo quiero ser Madre Sustituta.

Marta recuerda que sintió ese llamado desde su corazón, luego de apoyar por varios años a una vecina que cumplía con esa misión.

“Yo iba a su casa y la ayudaba a atender a los niños, me gustaba estar con ellos, compartir, darles de comer, pero sobre todo llenarlos de amor, porque es eso lo que ellos llegan pidiendo a gritos”, expresó.

Luego le dije a mi mamá para que iniciáramos todo el proceso, presentarnos al Icbf y manifestar nuestra intención de hacer parte de este bello programa; al principio no fue fácil, porque al ser menor de edad, pues yo no podía acceder a esta posibilidad, y mi mamá inició primero.

A mis 23 años y con 2 hijos cumplí mi sueño, no quise estudiar otra cosa, sentí que mi corazón estaba preparado para dar amor y que podía compartir por igual con mis hijos biológicos. Desde ese momento comenzó mi historia la que ya completa 27 años y de la que me siento orgullosa de poder desempeñar.

Son muchas las historias y las vidas construidas; no es una tarea fácil, Marta recuerda como sufrió la primera vez que tuvo que desprenderse de la primera niña entregada en adopción, “fue muy duro para mí, yo la recibí de 7 meses de nacida y estuvo conmigo casi dos años; entregarla fue desprenderme de parte de mi corazón, mucho más cuando fue mi primera experiencia

“Entendí entonces que la misión era mucho más fuerte, no era solo ayudar a sanar, brindar cuidados y atención, darles amor y ayudarlos a construir vidas; era también entender que al igual que los hijos biológicos, los padres estamos llamados a criarlos y formarlos para que sigan su vida donde puedan cumplir con sus metas y sueños”.

Cuando llegamos a su casa la encontramos preparándose para la Navidad y a su alrededor 7 pequeños y dos chicas adolescentes la ayudaban a sacar los adornos; todos desbordan alegría e ingenuidad, niños y niñas que encuentran en el hogar de Marta, un amor inmenso y un ambiente propicio para retomar sus vidas.

Marta reconoce que quizá el trabajo más fácil es con los más pequeños; pero a la vez es el reto más difícil. “Los niños llegan un poco tímidos, pero su capacidad de adaptación es increíble y a los dos días ya están felices corriendo por toda la casa, el mayor compromiso es crear en ellos un lazo de afecto que les permita tener un recuerdo emocional positivo que los ayude a recuperar esa situación que los llevó a estar en un hogar. Pero dejarlos ir y ver cómo cambian es satisfactorio y a la vez un poco doloroso al dejarlos partir”.

Toda labor tiene su recompensa, Marta la recibió el 31 de diciembre del 2016, cuando Evan, un chico que llegó a su casa a los 15 años con una historia familiar difícil, con su auotoestima destruida y con ganas de no seguir viviendo, le expresó de manera tajante que desde ese día nacía de nuevo y que la recibía a ella como su mamá.

“A partide hoy, ya no te diré más señora Marta, de ahora en adelante te llamaré mamá y quiero llevar tus apellidos”, cuando nos contó este momento, sus ojos y los de Evan se llenaron de lágrimas y se fundieron en un abrazo que lo dijo todo; no hubo necesidad de preguntarles más nada, se evidenció lo que el amor logra hacer en un ser humano; la capacidad de sanación que las palabras hermosas y las caricias de una madre pueden generar en un adolescente.

Esa historia de amor filiar fue sellada con un tatuaje que los dos lucen con orgullo y que muestra a un oso de anteojos frente a un pequeño oso panda en una noche fría iluminados por una luna y que refleja el compromiso leal del amor incondicional, de aquel que no responde al llamado de la sangre, que corre vertiginosamente por los latidos del corazón y que se anida para no desaparecer nunca.

Marta vive orgullosa de la carrera que eligió, nunca se ha arrepentido y aunque ha habido momentos duros, son más los gratificantes que la llevan a sentirse plena y satisfecha.

“Esta labor no se puede ejercer desde la óptica del trabajo, y mucho menos desde el punto de vista económico, esta es una misión en vida que se ejerce desde el corazón, solo así se dan los resultados que se buscan”.

Durante sus 27 años de labor como madre sustituta ha entregado 17 niños que han sido adoptados por familias dentro y fuera del país; el Día de las Madres recibe llamadas de todas partes del mundo donde ellos se encuentran y quienes le agradecen a ‘Mamá Marta’ haber dejado su huella en sus vidas.

“No hay nada más bello que escuchar un Gracias de sus labios, de recibir fotografías y testimonios de sus avances y proyectos, eso lo paga todo”, indicó Marta.

Junto a sus dos hijos biológicos y a Evan sigue adelante con su labor, segura de que lo hará hasta que Dios le de alientos. Esta es la vida que elegí y de la que nunca me he arrepentido. He aprendido que no hay labor más bella que aquella que te permite más allá de dar vida… Construir Vidas.

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