HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Pensando en Navidad

El día de Navidad, al ocultarse el sol, se presenta un cambio en cada uno de nosotros, porque su brillo sinigual se va apagando en el horizonte detrás del morro, dejando una estela de nubes arropadas de color anaranjado en la última línea del mar, sonriente después de haber cumplido su función diaria en dar la vida.

Y de pronto, por el este, asomándose entre los cerros de las estribaciones de la Sierra Nevada surge el milagro nocturnal, asomándose tímidamente la señora Luna acompañada a lo lejos de Estrellas y Luceros.

La vida se transforma:  Los adultos luego de terminar sus labores, llevando de la mano a sus pequeños hijos, quienes los acompañan con ojos asombrados por las luces multicolores que van apareciendo en calles, avenidas y terrazas en las casas.

Los  niños y niñas han pasado todo el día, que digo, toda la semana anhelando que llegara la noche, para observar el árbol resplandeciente de navidad, con su estrella de  Belén a lo alto y un pesebre lleno de figuras semejando pastores, ovejas, camellos, vacas, que solo los ojos infantiles y sus mentes, los pueden ver caminar por senderos planos o altos, en medio de bombillitos multicolores, semejando estrellas tililando a lo largo y ancho que se confunden con las mismas luces del cielo, en donde la luna arropa la ciudad con su mágica claridad.

En los parques iluminados, padres e hijos se confunden en un regocijo diferente al manifestado durante el año, sensación, porque las luces de las estrellas que juguetean, viendo, algunas más hiperactivas corretean al firmamento, pasando fugaces señalando la belleza sinigual que se presenta en esos momentos.

En las casas, los niños ya dormidos son cargados por sus papás para acostarlos en el calor de las sábanas, casi en vela.  Los pelaos de antaño se dirigían a sus camas temprano esperando que llegara la madrugada para mirar los juguetes que mamá y papá o alguno de ellos colocaron a un lado de la cama o bajo las almohadas.

Ahora los pelaos están somnolientos por permanecer despiertos en toda la noche, con los ojos abiertos para mirar el momento en que el Niño Dios llegaba a depositar los regalos.

Pero llegaba la mañana y sentían que no habían dormido nada.  Muchos aseguraban haber visto una tenue luz que bajaba del techo esparciéndose por toda la habitación, y que unas manos les acariciaban los cabellos y mejillas.

Como un resorte brincaban de sus camas, buscando los juguetes que habían estado pidiendo todo el año, saltando de alegría al encontrarlos y abrazarlos como si fueran parte de ellos y correr por toda la casa para mostrarles a sus padres lo que le habían traído.

Mientras afuera el Astro Rey esparcía sus rayos avisándole a la luna que le tocaba el turno de vigilar a los niños que salían a las calles a festejar y mirar a los demás compañeritos como había querido hacerlo.

Esa misma luna que le dio el paso a las estrellas que guiaron a los tres reyes magos por desiertos, llanos, cerros hasta llegar al Portal de Belén a comunicarse con pastores y gobernantes de grandes países, en una noche clara que parecía como si el sol estuviera esperándola para cantar villancicos, al ver al futuro Rey de Reyes sonrientes, viendo a sus padres María y José en un cuadro realizado por el más afamado pintor.

Entonces el día de navidad al salir el sol se siente un cambio en cada uno de nosotros, es sentir que el mundo gira alrededor de Diciembre.

Pensando en Navidad
Luces multicolores adornando calles y viviendas nos motivan a vivir con mucha alegría la temporada navideña en la ciudad. /FOTOS MONTINER ALVIS-LUIS PARRA

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