HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Luces y sombras de la economía

¿Qué ha pasado, de especial importancia, en estas tres décadas en materia de economía y negocios? ¿Cuáles lecciones podemos aprender de los aciertos y errores en estos frentes claves para el bienestar de Colombia?

Hace 30 años -exactamente el 13 de septiembre de 1993- nació Portafolio, el diario de economía y negocios de Casa Editorial El Tiempo (Ceet). Tuve el honor de ser su fundador y director durante 14 años, con el muy valioso apoyo de Luis Fernando Santos (presidente de Ceet) y un gran equipo de colaboradores: Silverio Gómez – subdirector y editor, Fernando Quijano (actual director de La República), Gloria Valencia, Edilma Pereira, Hermógenes Ardila, Rolando Ramírez y otros estupendos periodistas.

Portafolio se originó en un momento de buena “alineación de los astros”: había optimismo en Colombia por varias razones: la promulgación de la Constitución del 91, la superación de los momentos más duros de la violencia de los narcos, la apertura económica (que a pesar de que tenía no pocos críticos fue una decisión acertada hacia la modernización de la economía), la independencia del Banco de la República (que generó más confianza entre los empresarios nacionales y extranjeros), y el hecho de que hubiera un espíritu emprendedor ávido de comprender mejor la macroeconomía, de aprender conceptos novedosos de Alta Gerencia y Liderazgo, y de invertir en un país con un enorme potencial.

Algunos logros trascendentales en estos seis lustros: el descenso de la inflación de niveles superiores a 30% a cercanos a 3% (salvo en tiempos recientes en donde se disparó por encima de 12% por motivos temporales bien conocidos, pero probablemente descenderá a 5% el año entrante). El control de ese fenómeno nocivo y regresivo (que perjudica más a los pobres) permitió un gran descenso del costo del dinero -lo que ha implicado una mucho menor carga financiera de los pasivos públicos y privados. Además, eso ha impulsado la inversión, dado que mermaron los rendimientos del ahorro, estimulando así a los empresarios a buscar rentabilidad en actividades del sector real.

Otro logro significativo: a pesar de dos crisis severas -la del 99 y la causada por la pandemia, la economía logró recuperarse sin mayores traumatismos. Impresionantes demostraciones de resiliencia -la capacidad de superar la adversidad- de los empresarios, y de conocimientos y talento por parte de los tecnócratas que diseñaron y ejecutaron planes de acción fructíferos.

Pero a mi juicio, el mejor resultado de la gestión económica de estos 30 años es la reducción de los niveles de pobreza monetaria -de 67,7% a 39,3% de la población total. Que hoy en día haya todavía en Colombia más de 20 millones de pobres (25% de ellos en condiciones de miseria) es una mala noticia, pero no se puede desconocer el notable avance social.

Tareas pendientes, muchas: erradicar la pobreza extrema; rebajar el coeficiente de Gini (que mide la desigualdad; su mejoría desde 1993 hasta la fecha ha sido leve -de 0,56 a 0,51-, y sigue siendo uno de los peores del mundo); aumentar el nivel de inversión (inferior a 20% del PIB, debe ser al menos del doble para que le economía pueda crecer por encima de 5% anual); reducir el desempleo (que hace pocos meses es de menos de dos dígitos). Y hay un objetivo prioritario que debe trabajarse de manera conjunta entre el sector público y el privado: el incremento de la productividad (la nuestra es la menor entre las naciones que integramos la Ocde: es apenas 20% del nivel de la de los Estados Unidos).

*Periodista y Profesor de Liderazgo – Universidad Externado

 (*) Columna publicada en la revista Cambio

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