HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Líder en la región

Seguridad, seguridad, seguridad

Es la seguridad tanto un bien sagrado como un valor fundante, lo mismo que un  clamor general de la ciudadanía por tener en su sustancialidad un impacto estructurante en el ámbito político, por lo que se deben reconstruir sus premisas de sentido y sus dinámicas para poner en marcha sus esencialidades, a fin de resaltar las operaciones en ella implícitas y actuar en contexto de causas y consecuencias, lo que equivale a imponerla, en el mejor sentido del vocablo y en compendio duradero, que no de emergencia, al tiempo de darse en un campo político amplio donde tenga expresión el conflicto social; ya que no puede ser que el déficit de una verdadera política pública a este tenor siga sin brindarle luces a la población y se sigan agravando sus efectos, cuando en verdad importan cauces políticos para buscar reconectar a la sociedad, generando un espacio común de diálogo y reales soluciones.

Tenemos que darle un sentido integral a la seguridad, señalarla como parte de un estado de cosas que urgen para una verdadera renovación política nacional, romper con su estado de cosas para buscarle una correcta salida a la encrucijada en que se encuentra, buscar el momento preciso como propicio para hacer los cambios que se requieren en derrotero de solución, en lo que ayuda transformar las instituciones que no funcionan, espacio en lo que juega papel importante corregir el rumbo político.

Nuestra seguridad, como seguridad misma, está en veremos, llena de problemas de violencia que alejan la inversión extranjera y nacional, deprime desarrollo y crecimiento económico, aumenta la informalidad, la pobreza y la miseria, lo mismo que genera un decrecimiento significativo de la clase media, hasta el punto de ser vistos y hasta considerados como un Estado fallido de incipiente economía. Tenemos una seguridad en veremos y no vemos gubernamentalmente una estrategia para este problema, lo que podría llevarnos a escenarios de violencias inenarrables. Se imponen planes y programas de seguridad que afecten en lo fundamental al crimen y protejan a la ciudadanía y comunidad en general.

De la misma manera, necesitamos una Fuerza Pública afianzada en sus capacidades para enfrentar los retos todos de la violencia y la inseguridad, aumentar el pie de fuerza y destinar los recursos necesarios para que bien y mejor pueda con y por los medios adecuados llegar a las regiones y operar contra todos quienes afectan este sagrado bien de la seguridad, puesto que no puede ser que desprotegida esté la población en ningún momento.

Nuestra seguridad nacional no puede estar expuesta jamás ni nunca, como tampoco sometida, sino hacerla estable para que combata acertadamente en condiciones de dignidad todo tipo de crimen, así como el terrorismo, la minería ilegal, la trata de personas, el narcotráfico y la violación de los derechos humanos. Es confrontar lo que estamos viviendo en materia de inseguridad, en la verdad que no podemos tener una seguridad en veremos, sino actuante en provecho y beneficio de nuestros territorios y sus pobladores. [email protected]

*Abogado

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