HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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El `estado de las cosas` en las reformas sociales 

Como era de esperarse, la intensidad del debate por las reformas sociales -laboral, salud y pensiones- propuestas por el actual Gobierno, ha llamado la atención nacional y convocado la participación de todos los sectores que conforman lo que comúnmente se denominan las fuerzas vivas de la Patria.  Las opiniones son tan diversas como respetables, pero algunas merecen o requieren del acompañamiento de una información más a fondo sobre los temas, en cuanto ellas -las reformas- no sólo se identifican con  el  compromiso político del gobernante -matiz al que corresponden buena parte de los argumentos de la crítica adversaria-, sino con la necesidad de lograr fines perseguidos por el Estado como el crecimiento económico con desarrollo sostenible para combatir la pobreza y las miles dificultades que enfrentamos como Nación.

Nos referiremos hoy a las reformas laborales planteadas al Congreso en las que prima por filosofía, como así se anunció, la aplicación del principio protector a los trabajadores arraigado en la Constitución Política, en cuanto a la defensa de la contratación laboral, especialmente  el contrato a término indefinido, al mejoramiento de sus ingresos salariales y de sus prestaciones sociales, el régimen de descanso, la retribución de la jornada de trabajo, protección a la mujer embarazada,  la estabilidad plena en el empleo, control de las nuevas formas de contratación tecnológicas, formalización del trabajo informal, etc.   Subyace en estos aspectos una verdad subestimada por los críticos: el valor de todos los bienes, de todos los servicios prestados a la comunidad, y en general todos los recursos laborales consumidos por la población, obedecen al trabajo humano.  La productividad laboral, o lo que los economistas llaman el “rendimiento de la economía”, vale decir la riqueza del país está indisolublemente ligada al empleo, al esfuerzo que produce esa riqueza representado en la persona del trabajador.

Pero el empleo tiene que ser de calidad como lo ha exigido la OIT.  En sus Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2.030, la autoridad del trabajo en su Declaración sobre Justicia Social-Trabajo Decente en las Américas, presentó a los gobiernos una agenda hemisférica para cumplir en 10 años, resaltando la generación de empleos productivos, en condiciones de libertad, seguridad y dignidad humana. De tal manera que es un compromiso estatal el cumplimiento de estas políticas internacionales, y el mejoramiento económico de los trabajadores se hace imperioso para obtener empleos de calidad, que mejoren sus condiciones de pobreza e inequidad social, y a su vez generen el incremento en la demanda por los trabajadores de esos mismos bienes y servicios, con el consiguiente pago de impuestos al Estado.

El tenor de las críticas opositoras al Gobierno refiere que las reformas producen un incremento del déficit fiscal, ajena a los derechos laborales del trabajador; y el estado actual de las cosas políticas rompe los principios ideológicos partidistas.    El partido conservador olvida la Doctrina Social de la Iglesia, base de sus postulados.  En 1.891 el Papa León XIII dirigió a la comunidad cristiana lo que un dirigente conservador llamó un “majestuoso promontorio de fe y credo cristiano”, la encíclica Rerum Novarum.   En ella señaló entre los principalísimos deberes de los capitalistas frente a los trabajadores:   “…Dar a cada uno lo que se merezca en justicia. Determinar la medida justa del salario que depende de muchas causas:  pero en general tengan muy presentes los ricos y los amos que ni las leyes divinas ni las humanas les permiten oprimir, en provecho propio, a los necesitados y desgraciados, buscando la propia ganancia en la miseria de su prójimo”.   Enseñanzas de solidaridad, dignidad humana, moderación de la codicia, respeto por el trabajo, ideas todas consignadas en la ejemplar obra, que tocan directamente hoy con el incremento en las utilidades empresariales.

Los dirigentes liberales creen en la Revolución en Marcha, época en que nace el contrato de trabajo y cuando las relaciones laborales se desprendieron -impensadas como hoy- de las nociones civilistas decimonónicas del Código de Napoleón. Predican las ideas de Uribe Uribe, de López Pumarejo, de Gaitán y Galán, pero se empecinan en recompensas burocráticas y en apoyos eleccionarios futuros para su jefe.  En este escenario, el trabajador es un convidado de piedras.

A los demás partidos, grupos, movimientos, sectas, congregaciones religiosas, coaliciones, poco se les conoce su posición ideológica sobre estas reformas sociales.

*Abogado Laboralista *Profesor universitario *Escritor 

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