HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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No repetir errores del pasado  

Nuestro país ha aplicado distintas fórmulas para buscar paz y seguridad, incluidas negociaciones con grupos subversivos a los que se reconoció estatus político, hasta leyes para el sometimiento a la justicia de miembros del crimen organizado. Aunque unos esfuerzos pudieron ser relativamente exitosos, otros fracasaron de forma evidente.

Ahora que se impulsa la llamada paz total, con nuevas negociaciones con el Eln y disidencias de las Farc y marcos jurídicos para desmantelar grupos criminales de alto impacto, urge que se atiendan las lecciones del pasado, y que no se reproduzcan errores que trajeron más violencia, corrupción y dolor a la patria.

El país sabe que el perdón y olvido aplicado en negociaciones de las décadas de 1980 y 1990 no se puede repetir, no solo porque desconocería marcos jurídicos internacionales, sino porque no construye paz duradera. Sin justicia aceptable por la sociedad ni verdad sobre acciones violentas, las heridas se mantienen abiertas.

Tampoco serán exitosas las ‘soluciones’ o ‘conversaciones’ con concesiones desmedidas. Así lo demostró el sometimiento de los carteles a la Justicia en la década de 1990, que terminó mal y nunca acabó con el horror del narcotráfico. Y también los diálogos con las Farc de finales del siglo pasado, rotos en 2002 después de ataques violentos y falta de límites claros.

Con la Ley de Justicia y Paz de 2005 se aplicaron penas de hasta ocho años para crímenes graves, definidas a cambio de confesión y reparación a víctimas. Pese a que a algunos congresistas nos parecieron sanciones muy leves por la magnitud de los delitos, la ley pasó su examen constitucional y permitió la desmovilización de cerca de 50 mil personas.

Sin embargo, el narcotráfico no cesó y nuevas oleadas de grupos ilegales prolongaron la inseguridad y el terror.

Frente al acuerdo de 2016 con las Farc, el Gobierno negoció sin un consenso nacional sobre sus posiciones o los modelos de justicia. El rechazo en las urnas demostró profunda división. Y por más que tres gobiernos lo han venido implementando, la inestabilidad persiste en zonas invadidas por las economías ilegales.

Esa historia reciente deja lecciones diversas. Si no se enfrenta y se pone fin al narcotráfico y otros delitos que alimentan la violencia, ningún acuerdo de paz ni sometimiento judicial traerá paz que dure. Poca esperanza tiene el propósito de la paz total, mientras la política criminal contra el delito transnacional está completamente debilitada.

Así mismo, no se deben imponer modelos de justicia, reparación, verdad y no repetición que no atiendan las expectativas de víctimas y de la comunidad. Mientras exista percepción social de impunidad y quienes reciben beneficios judiciales vuelvan a delinquir, nunca se terminará el conflicto violento. Si aspiramos avanzar hacia la paz, es esencial oír de forma auténtica a las víctimas, y atender sus expectativas y derechos.

Preocupa que el proyecto de sometimiento plantee beneficios judiciales desbordados, tanto en penas bajas de prisión como en la legalización de bienes ilícitos, al igual que en la aplicación desmesurada del principio de oportunidad y en los posibles obstáculos a la extradición y la cooperación judicial internacional. Son propuestas que, sumadas a una realidad de crecimiento exponencial del narcotráfico, nos llevarán a reproducir los ciclos de violencia.

Si aprendiéramos del pasado, debería permitirse el más amplio debate público sobre las medidas que se proponen. Las voces críticas no deben ser excluidas. El Estado incluye a toda la sociedad y la paz se logrará si la fórmula que se adopte tiene legitimidad popular y se sustenta en un consenso social sobre la Nación y la justicia que queremos, y no en la imposición de enfoques sin respaldo general o de fórmulas que antes han fracasado.

No repetir los errores anteriores podría permitir que exista una salida para garantizar que la violencia no reaparezca en el largo plazo. Por ahora, y ante el oscuro panorama que estamos viviendo, lo único cierto es que la búsqueda y los cimientos de la paz tienen todavía un largo camino por recorrer.

*Exministra de Estado  

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