HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Contaminación auditiva provocada por pick up desvalorizan las casas 

Le pidieron al Dadsa y a la Secretaría de Seguridad sacar del casco urbano a los negocios que provocan ruido.  

Una vez el Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa), prohibió el funcionamiento de los pick up y turbos, aparatos de potente sonido, en sitios públicos y privados, se desencadenó en Santa Marta una serie de opiniones divididas que apuntan a la necesidad de que esta industria se pueda formalizar, así como también ajustarse a las normas requeridas por las autoridades para el desarrollo de eventos sociales.

La comunidad, en un alto porcentaje, está cansada de los altos decibeles que emplean, las rumbas hasta altas horas de la madrugada y los toques en cualquier día de la semana, e incluso, en barrios como Pescaíto donde la llamada ‘cultura picotera’ está asentada con arraigo de vieja data, hay detractores de esta práctica, que aseguraron que llegarían hasta las últimas consecuencias si no se toman acciones para silenciarlos, dado que al funcionar en zonas residenciales la fuerza del sonido está afectado el bienestar de las personas.

Jorge Baquero ha puntualizado que el Dadsa debe pedir la reubicación inmediata de los establecimientos comerciales donde se utilizan los pick up, ya que de acuerdo con lo que establece la legislación nacional, además de haber un atentado al medio ambiente por la contaminación auditiva, también hay un daño a la salud de los vecinos que les toca aguantar el golpe de los bajos de esto altoparlantes.

“A nosotros nos preocupa los derechos que tiene la comunidad a la vida, a la salud, a dormir en tranquilidad o en la paz ¿Quién duerme viernes, sábado, domingo y lunes cuando se aprecian los picoteros? Nosotros respetamos la cultura picotera pero exigimos que se tenga en cuenta los derechos de todos. En cualquier municipio de Colombia, esos patios rumberos deben quedar a las fuera, no dentro, ni en sitios residenciales.

Los que piensan que estos escándalos no se pueden montar en un barrio como El Jardín, pero sí en Pescaíto, están totalmente equivocados, no conocen la Ley 1801 en el artículo 33, numeral 1 literal, que habla de las sanciones para estos ruidosos. En este contexto, estos señores son uno mercaderes del ruido que se roban la paz y la tranquilidad de las personas”, reclamó Baquero.

Este vecino inconforme esboza una problemática que no es tan visible, se trata de la desvalorización de los predios ubicados en la circunferencia de estos negocios. De manera silenciosa, asegura este pescaitero, sus propiedades ya no pueden ser vendidas en los precios que alguna vez pensaron, dado que apenas los potenciales compradores se enteran cuáles son sus colindantes no les quieren comprar o exigen rebajas exorbitantes.

“Hay personas que se ha mudado de pescadito, todo el mundo quiere vender. Ahora los patios rumberos se hacen llamar ‘sala de eventos’. Los que representan la ‘cultura picotera’ son tan mentirosos al decir que la mayoría de gente de Pescaíto está de acuerdo, y no es así, esto es sólo una minoría. Nosotros no estamos en contra del trabajo de nadie, ellos pueden trabajar perfectamente, pero que se lleven esos equipos y en esta rumba fuera de la ciudad.

Cómo va a ser posible que ningún vecino puede decirle a esta gente que le baje el volumen, porque enseguida le salen amenazado, lo cual es permanente en nuestro sector, que tiene más de 10 patios rumberos”, aseveró Jorge Vaquero.

La comunidad que no valida el funcionamiento de los pick up o turbos ha insistido que si no hay medidas drásticas para los infractores, acudirán a las vías de hecho y buscarán que los organismos de control se pronuncien frente a esos casos en particular.

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