HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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‘No me imagino a Dios diciéndome que le dé el 10%’: Alberto Linero

El motivador y escritor samario Alberto Linero inicia su nuevo libro ‘Espiritualidad para humanos’ relatando su desafiante experiencia de subir al monte Sianí, en Egipto, como una metáfora de este tema. “Creo que toda esa experiencia del recorrido retrata bien la manera como comprendo la espiritualidad. Es un camino cotidiano de trascendencia y conexión con mi esencia”, comenta.

Hablar con el retirado padre Linero es siempre recibir una carga de enseñanzas para la vida y una mirada respetuosa pero “sin pelos en la lengua” del momento actual. Además de explicar de forma sencilla “el camino de la espiritualidad”, que no debe confundirse con “religiosidad”, este líder de opinión se aventura a listar los cambios urgentes, acordes al momento actual, que debería hacer la iglesia católica. Confiesa que “no le hace falta nada” de su época de sacerdote y enumera las bondades de su vida en pareja.

Además, dice por qué no paga el diezmo, por qué las iglesias sí deberían pagar impuestos y no se declara muy optimista sobre el futuro. «Yo te confieso que no siento que vamos para para un mundo mejor, pero eso no significa que no podamos hacer nada. No creo en la resignación», comenta.

Qué bueno volver a conversar con usted. ¿Le debo decir ‘padre’ o ‘Alberto’?

(Risas) Me llamo Alberto José desde los seis meses antes de nacer. Me encanta mi nombre y prefiero que me llames así. Pero no me molesta la manera como las personas me quieran llamar.

¿Pero usted, a pesar de su retiro del oficio, conserva el título de padre, como protocolariamente pasa con los militares o los expresidentes?

Realmente lo que conservo es el cariño de la gente. Es el aprecio de ellos el que lleva a que me digan “padre”. Sigo siendo presbítero hasta la eternidad, como lo establece la Teología Sacramental Católica y es expresada en el canon 1582 del Código de Derecho Canónico. Aunque no ejerzo como presbítero, puedo confesar y absolver “válida y lícitamente a cualquier penitente que esté en peligro de muerte”, como dice el canon 976 del Derecho Canónico. No ejerzo el ministerio, pero sigo siendo presbítero. En palabras sencillas: para un católico ser cura es un sello que no se quita nunca. Y te reitero prefiero que me llamen Alberto.

¿Por qué le apostó a la espiritualidad para su nuevo libro? ¿Así de grave ve la humanidad y estos tiempos tan enrarecidos?

Creo que sólo se puede vivir a plenitud nuestra condición humana desde una vivencia espiritual. Creo que la violencia, los fanatismos de todo tipo, el racismo, la xenofobia, la homofobia son causadas por la falta de trascender a lo material, a lo útil, a lo inmediato y la falta de una experiencia espiritual de lo que somos y hacemos. Necesitamos profundizar la vida, contemplarla, subirnos a un dron y tratar de comprender nuestra existencia de manera total para que sepamos que no somos más que nadie y que las diferencias no nos hacen mejores ni peores, sino que nos ayudan a enriquecer la existencia. Comprender que todo tiene un sentido que puede ayudar al propósito fundamental que tenemos.

Mucha gente confunde la idea de “espiritualidad” con “religiosidad”. ¿Qué es espiritualidad?

Son dos cosas distintas. Se puede ser espiritual y ser ateo o agnóstico. La espiritualidad es conectarse con la propia esencia y a la vez trascender a las maneras limitadas de nuestra existencia. Es vivir con sentido. La religiosidad está más estructurada a partir de un conjunto de verdades, una moral, una liturgia. La espiritualidad nos lleva a vivir trascendentemente. Leer poesía, pintar, contemplar un amanecer son experiencias espirituales. Creo que la espiritualidad es conectarse con lo sublime. Y claro, también se puede ser religioso y a la vez tener una profunda vida espiritual. Pero también se da el caso -lamentablemente común – de gente muy religiosa que no parece tener nada de espiritual.

Mucho se decía, cuando nos encerraron en la pandemia, que la gente saldría más espiritual. Pero la vida real pareciera reflejar lo contrario. ¿Usted qué siente?

Que ese tipo de afirmaciones son propias de la ingenuidad. Los seres humanos no somos mejores o peores por las experiencias externas, sino por lo que permitimos o provocamos que esas experiencias nos enseñen. Lo que hacemos brotar de nuestro corazón. Podemos cambiar todas las estructuras que, si no tenemos conciencia de quienes somos y qué queremos, nunca habrá un despertar espiritual que nos haga construir relaciones sanas (respetuosas, funcionales, emocionantes). De la pandemia salimos tan humanos como entramos. Algunos pudieron tener unos clic interiores que los llevó a cambios reales en sus maneras de proceder. Otros siguen sin lograr conectarse con su conciencia, y siguen llenando el vacío de su ser con poder, riqueza, fama y muchas otras cosas que no logran llenarnos realmente.

Uno percibe que hay más espiritualidad en la gente mayor que en los jóvenes. ¿Cree que le está costando más trabajo a la juventud conectarse con su alma y su espíritu?

¡Qué va! No creo que eso sea cierto. También conozco mayores que no son espirituales por muy religiosos que sean. Los jóvenes tienen experiencias espirituales muy distintas a las nuestras. Unas que son profundas e intensas. Para mí la sensibilidad social que veo en los jóvenes me hace creer que están viviendo manifestaciones espirituales. Lo que necesitamos es posibilitar pedagogías pertinentes al momento actual para que ellos puedan desarrollar las habilidades espirituales que poseen y necesitan para ser felices. No podemos confundirlos «embutiéndoles’ unas verdades religiosas y unas obligaciones piadosas que no siempre ocasionan experiencias espirituales. Mucho menos impartirles un código moral sin acompañarles en sus retos y conflictos. Los jóvenes de hoy necesitan nuevos relatos que les permitan entender su dimensión espiritual. Hay algunos relatos religiosos que ya no dicen nada y necesitan ser resignificados.

¿Qué factores de este veloz mundo podrían estar siendo enemigos para la espiritualidad de las personas?

Tal vez, la falta de atención. Ya había dicho Herbert Simon que la información consume la atención de sus receptores; es decir, que la abundancia de información crea escasez de atención. Hace falta detenernos, interiorizar, degustar cada experiencia, encontrarle el sentido más profundo y eso no se hace a las carreras y sin atención. La espiritualidad es un desacelerador en un mundo adicto a la inmediatez.

¿Por qué es importante ser espiritual? ¿Es una especie de gasolina para el alma?

Si entendemos por gasolina un insumo que hace posible el movimiento y la fuerza, entonces es gasolina para todo lo que es un ser humano. Es combustible para que vivamos satisfactoriamente. Que sepamos por qué y para qué vivimos. Quien es espiritual entiende su existencia como un proyecto y trata de realizarlo con decisiones inteligentes, libres, razonables y responsables. Ser espiritual sirve para ser feliz, porque además la felicidad contagia de sentido todas las áreas de la vida, les da propósito. Entendiendo la felicidad no como una euforia constante -que es imposible y aburrida- sino como tener una vida satisfactoria, una vida de la que no tengamos que avergonzarnos.

¿Cómo comenzar un proceso espiritual?

No me gusta dar consejos, pero sí me gusta proponer ideas para que las personas las analicen y decidan si les sirven para su vida. Les propongo tener momentos para detenerse, desconectarse, vivir procesos de interiorización, contemplar, agradecer y seguir viviendo con pasión la vida. Les propondría a que pensaran que la espiritualidad no es abandonar las experiencias cotidianas y ordinarias de la vida sino vivirlas en profundidad. Les invitaría a gozarse y celebrar lo que son y lo que hacen. A entender que también la alegría, la fiesta, el placer, la risa, y tantas cosas que no siempre identificamos como vivencias espirituales, son también una posibilidad de encontrarse con lo sublime.

Algunos rezan, otros abrazan árboles, otros meditan, otros hacen sus reuniones de alcohólicos anónimos, otros leen o pintan. ¿Puedo encontrar en esas actividades un camino que me lleve a la espiritualidad?

Soy católico y mi experiencia espiritual pasa por las experiencias aprendidas allí: la oración, los sacramentos, la meditación, la lectura del texto sagrado. Pero entiendo que cada uno tiene sus propias experiencias y tiene que vivirlas libre y seriamente. Lo importante es que esas prácticas me hagan mejor ser humano y eso sólo se nota en las acciones diarias. No tiene sentido hacer cualquier experiencia espiritual si soy alguien que discrimina, si soy prepotente y humillo a otros, si la violencia de los golpes o las palabras hace parte de mi vida. La expresión de la espiritualidad es el amor.

Bueno, ya se cumplen cuatro años de su retiro del sacerdocio. ¿Qué balance hace de su nuevo estado de vida?

Totalmente positivo. ¡Estoy feliz! Creo que tomé una muy buena decisión. Siento que Dios ha confirmado mi decisión con las bendiciones de la vida. Tengo nuevas experiencias y oportunidades de ejercer mi vocación de servicio.

¿Qué le hace falta del sacerdocio?

¡Humm!… nada. Vivo feliz con lo que hago. No soy de los que vive del pasado. Aprendí mucho, gocé mucho, serví mucho en el ejercicio del presbiterado pero hoy estoy feliz con lo que vivo, lo que aprendo ahora, lo que estoy construyendo y lo que siento que recibo de los míos. Obvio, que lo institucional es lo que menos me hace falta. Las estructuras rígidas a veces quitan libertad y apagan el espíritu.

¿Cómo le ha parecido la vida de pareja?

La vida en pareja ha sido un aprendizaje constante, es otro universo y es fascinante. Con los momentos de cielo más intensos. Con las experiencias de purgatorio que nos hacen ser mejores. Y sin experiencias de infierno. He aprendido que es una relación que se da desde la equidad, la empatía, la reciprocidad. Que no puedo pedirle a ella lo que no estoy dispuesto a dar. Que la comunicación eficaz es una clave casi mágica para que sea exitosa la relación.

¿Usted está de acuerdo en que la Iglesia Católica debe reformar algunos de sus postulados para conectarse con el mundo de hoy?

Soy un católico practicante. Además estudié teología y vivo una fuerte experiencia pastoral. Amo a la iglesia católica y por eso me atrevo a decir que sí, que tiene que dejarse renovar por la fuerza del espíritu para responder a las dinámicas, valores, retos y vacíos del mundo de hoy. Ese anclarse en el pasado y creer que las formas no cambian es una manera de suicidarse institucionalmente. Ese añorar que volvamos a vivir en el medioevo no sólo es una ceguera existencial sino una enorme falta de fe. Algunos creen que evangelizar es quedarse con unos pocos que normalmente han sido absorbidos por un fanatismo que no les deja ver la realidad. Eso de acusar de relativista a todo el que trata de responder con nuevos métodos, nuevo ardor y nueva expresión, ya lo sufrió Jesús.

¿En qué puntos cree que se debería avanzar o ser más vanguardista?

Nos hace falta tener más intimidad con el evangelio, que es siempre renovador. No se trata de ser más vanguardista sino de vivir en el Espíritu de Jesús de Nazaret, el hijo de María. Creo que se tiene que reformar la liturgia, hacerla más existencial y que responda la vida de hoy, que no se tenga que explicar un signo porque nadie lo entiende (Ya se ha hecho varias veces en la historia). Adoptar el celibato opcional. Es decir, que el que va a ser ordenado pueda decidir si es célibe o no. No olviden que por lo menos en los primeros once siglos de la Iglesia los presbíteros eran casados y los de las primeras comunidades neotestamentarias también. Y revisar con detenimiento algunas postulaciones morales que responden a momentos culturales y científicos muy distintos a los actuales, y están desfasados.

¿Usted paga el diezmo?

No. Nunca he creído en el diezmo. No me imagino a Dios de contador diciéndome que le dé solo el 10 por ciento. Me lo imagino pidiéndome el 100 por ciento de mi vida, de mi corazón. Ofrendo material y existencialmente, porque entiendo que el culto necesita ser sostenido y que se debe ayudar a los que pasan necesidad en la comunidad. Además, de Dios lo he recibido todo.

Hace poco fue muy polémico el artículo de la reforma tributaria que proponía que las iglesias tributen. ¿Usted qué piensa?

Mira, los cristianos creemos en una sociedad más justa, más equitativa, y en nuestras democracias eso se traduce también en contribuir con los impuestos y en hacerle seguimiento a que se usen de un modo honesto e incluyente. Por eso creo que todos los ciudadanos deben pagar los impuestos y los cristianos y católicos no somos la excepción. Pero también debemos ser ciudadanos veedores de que nuestra contribución sea usada para garantizar derechos de todos, no privilegios de unos pocos.

La geopolítica mundial ha cambiado mucho. ¿Qué tan relevante sigue siendo la figura del Papa en el mundo de hoy?

Para los católicos el Obispo de Roma sigue siendo punto de comunión de una iglesia universal que vive en su particularidad. Sigue siendo padre en la fe. Este Papa tiene otro tipo de conexión con la sociedad y con los estados. Se involucra de maneras que no son comunes y creo que hace bien.

Finalmente, el libro tiene un capítulo titulado ‘espiritualidad que provoca esperanza’. ¿Qué mensaje les manda a los lectores en esta Navidad? ¿Se puede ser optimista?

Yo te confieso que no siento que vamos para para un mundo mejor, pero eso no significa que no podamos hacer nada. No creo en la resignación. Siempre se puede ser optimista y abrazar una causa de transformación. Hay pedazos del mundo que podemos cambiar. Cuando me preguntaste por los jóvenes, te decía que veo eso, veo que muchos sueñan eso. También los cristianos lo soñamos, y lo celebramos. De hecho, celebrar la Navidad es celebrar la realización de la esperanza. En Navidad celebramos que en Jesús se realizan las expectativas de los que menos oportunidades tenían. Es creer que si seguimos viviendo a la manera de Jesús podremos ser felices, aun venciendo las dificultades que tenemos.

/EL TIEMPO 

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