HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Mentiras e ignorancia

La historia, amiga de consulta y permanente análisis y repaso que debe ser siempre, es disciplina que estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado y que constituyen el desarrollo de la humanidad desde sus orígenes hasta el momento presente; así como el conjunto de acontecimientos y hechos, especialmente los vividos por una persona, por un grupo o por los miembros de una comunidad social. Como ignorancia, del latín ignorantia, que significa no conocer, se designa la carencia de conocimientos o información, tanto a nivel general como específico. En este sentido, una persona puede mostrar ignorancia sobre algún asunto o materia particular, o sobre un campo completo de conocimientos.

Cierto es que la ignorancia de la historia es el nutriente que convierte a la sociedad en tierra fértil para que las mentiras, las embustes, los engaños, las farsas, fructifiquen con fortaleza como la mala y peor maleza que, sin aplicarles ningún veneno, ni con intervención de manos expertas que las arranquen, terminan por oscurecer y ocultar totalmente cualquier intento para que el saber y la verdad fructifiquen y que el conocimiento y la experiencia de la historia eviten repetir dolorosos desastres, lo que ha dado paso a la sentencia cierta que reza que quien no conoce la historia está irremediablemente condenado a repetirla, lo que la mayoría de las veces es nefasto.

Desgraciadamente hoy se han implementado desinformaciones con tal fortaleza y eficacia, ayudadas por la globalización y la germinación galopante de ideologizaciones que se radicalizan cada vez con más arraigo, acompañadas de un resurgir de fuerzas oscuras que poco a poco se insertan más y más entre lo que se conoce y defiende como democracia. Y es que cuando se apoyan y defienden regímenes plagados de connotaciones políticas en aras de potenciar la democracia en su decir, es porque dicho concepto, que ya han contaminado con suficiencia, ha perdido la acepción originaria y auténtica.

Los principios propagandísticos utilizados por muchos y que son conocidos como técnicas de comunicación, copan el dominio absoluto de todos los medios de comunicación, en su pensar que dichos medios de comunicación pueden controlar lo que los pueblos leen, escuchan, ven, miran y observan. Muchas veces somos víctimas de una información intervenida, cercenada y de una desinformación a la opinión pública debidamente tamizada. Vemos de la misma manera la persecución a periodistas comprometidos con la verdad y a los disidentes de los criterios de las versiones oficiales.

Cuando se fomenta la desinformación, la ignorancia y la incultura, se desvanece cada vez más el espíritu crítico y de ese modo la población se vuelva proclive a entretenerse con banalidades, que la hacen más permeable a la manipulación de los medios de difusión y a calarse las mentiras, en la aplicación que una mentira cien veces repetida se convierte en verdad incuestionable, al tiempo que la disuaden de cualquier esfuerzo por formarse y la desmotivan para contrastar la información; pero sobre todo y de ahí lo más peligroso es que la sociedad se convierte en una masa acrítica, sometida e incapaz de elaborar una perspectiva alternativa aunque se le estén imponiendo condiciones que vulneren sus derechos o sean totalmente ajenas a sus intereses, como en efecto acontece.

De vital importancia al momento de sopesar la información recibida, tiene que ver, la mayoría de las veces con los regentes de los medios de comunicación y con las presiones que los lobbies económicos y políticos ejercen sobre ellos. El uso perverso de dichos medios y su perfeccionamiento está a la orden del día y responde a intereses de poder, lo que se traduce en una sociedad cada vez más acrítica, adormecida y hasta anestesiada, capaz de aceptar la imposición de sanciones y vetos económicos que contrarios a sus intereses y calidad de vida, así como a sufrir las consecuencias de participaciones que no les han consultado, pero que le exigen asumir con su carga de inseguridades y la pobreza que ello genera, lo que pone en riesgo vidas, al tiempo que ahonda riesgos múltiples a todo nivel y en todo sentido. [email protected]

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