HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Pescaiteros se cansaron´ de los ´patios´ rumberos

POR CONTAMINACIÒN AUDITIVA 

Dos establecimientos comerciales que incumplían con las disposiciones legales de la Ley 1801, fueron sellados. Los habitantes del barrio les pidieron a las autoridades que los operativos sean recurrentes, pues, bajo el supuesto de ‘cultura picotera’, están atemorizando a la población con los altos volúmenes.  

El Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (DADSA) le puso la lupa a la queja ciudadana en Pescaíto, donde denunciaban la violación a las normas que estipulan los niveles sonoros máximos permisibles en Colombia. Los pickups o turbos de ‘Songosorongo’ y ‘Los Pololos’, sitios identificados como ‘bullosos’, fueron silenciados por alterar la tranquilidad.

Los equipos de sonido funcionaban en esos patios rumberos que, además, no cumplían con la documentación exigida en la Ley 1801. El sellamiento o cierre temporal, se da soportado en el Decreto nacional 1076 de 2015 y la Resolución 0627 de 2006, que le faculta a la autoridad ambiental imponer las medidas preventivas y sancionatorias a las que haya lugar.

Para este caso en particular, el documento o acta final de la inspección estipula que los altoparlantes estaban dirigidos hacia la fachada del establecimiento, “estos emiten ruido hacia el espacio público y no cuenta con un sistema de amortiguación suficiente para evitar que el ruido trascienda, generando niveles de presiones sonoras que traspasan hacia el ambiente. Además, no cuenta con estrategias suficientes, como lo son tener puertas, ventanas y techo que garanticen que el ruido generado no se filtre”.

Ante este procedimiento, los vecinos de los locales infractores aseguraron que el decomiso de los turbos es una buena acción, pero insisten que lo mejor sería acabar con ‘el desorden’ en zonas residenciales donde muchas familias han tenido que mudarse. Algunos viven de lunes a jueves en Pescaíto, pero de viernes a domingo, rentan apartamentos en otros sectores de la ciudad.

“Ya esto no es como antes, yo tengo 74 años y los que hoy se está viviendo es una porquería. Desde las 9:00 de la noche es una maratón de muchachos. A veces amanecen botellas regadas en los pisos, piedras hechas migas, hasta sangre, porque esto es un desorden. Es una verdadera aberración. ¡Qué cultura ni qué carajo! Esos lugares se han convertido en focos de contaminación auditiva y hasta de inseguridad”, manifestó Carmen Curvelo, una mujer de la tercera edad que no soporta un escándalo más.

La preocupación es generalizada, pero pocos son los que se atreven a denunciar porque temen que los propietarios de los patios rumberos tomen represalias en su contra. Una mujer, quien ha pedido no revelar su identidad, le dijo a HOY DIARIO DEL MAGDALENA que, aunque han querido dialogar con los picoteros no han logrado nada, explica que a ellos no les importa que las paredes de las casas cercanas tiemblen por la fuerza de los bajos.

“En mi casa ya no se puede dormir, ver televisión, ni hablar. Esto ha provocado que a la gente se le altere los nervios y se le suba la presión. Llueva, truene o relampaguee infaltablemente todos los fines de semana está el escándalo de los turbos. Me pareció acertado que se hayan llevado los equipos porque ellos perdieron el respeto por los demás. No vemos la ahora que sellen definitivamente los patios”, afirmó una ciudadana.

En las investigaciones que han adelantado las autoridades para controlar las contaminaciones auditivas, han documentado casos de personas contratadas para avisar cuando se acercan los funcionarios del Dadsa realizando las mediciones de ruido. La comunidad los llama ‘Los vigías del desorden’, porque según, apoyan a la anarquía que promueven estos sitios.

Otro factor que es analizado por los habitantes de Pescaíto es la desvalorización de sus propiedades, exponen que temen tener que vender sus inmuebles por cualquier precio para salir huyendo de la bulla de cada fin de semana. Otros piensan que con este comportamiento irregular nadie querrá comprar viviendas, pues, tener un pickup sonando a su puerta cada siete días no es un plan agradable.

“En torno a los turbos hay una serie de situaciones que pasan como fantasmas, dado que, como eso congrega a una tropa de personas que entran y salen de los patios rumberos, convierten las casas vecinas en orinal y hasta en motel. No merecemos esta intranquilidad, estamos en una zona residencial y ya desde las 10 de la mañana empiezan a sonar. La salud de los niños y ancianos está en riesgo”, manifestó otro pescaitero que pidió reserva de su nombre.

El Dadsa en conjunto con la Unidad Defensora del Espacio Público y la Policía Metropolitana, anunciaron que continuarán las sanciones severas a quienes incumplan las normas vigentes para el goce de un ambiente sano.

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