HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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¿Y qué de nuestros emblemas y patrimonios?

A partir del decenio de los ochenta se observa gran interés por la conservación de todo lo que indique patrimonio (natural, cultural, arquitectónico, histórico, entre otros), y en buena medida el edificado en los centros urbanos de ciudades de origen novohispano como la nuestra, que ha llevado a la realización de obras y acciones sobre el patrimonio urbano-arquitectónico tendientes a privilegiar el factor histórico, sobre los de orden económico, religioso, político y administrativo, sobre los cuales se sustenta la centralidad urbana; de ahí que importen mucho los patrimonios de las ciudades, en los que el cultural, la Unesco sitúa como la piedra angular de la paz y del desarrollo sostenible y considera como una fuente de identidad, conocimientos y dignidad para las comunidades locales, así como fuerza para compartir.

El patrimonio nos muestra lo que alguna vez fue la humanidad, es decir, su pasado, y por ende la forma en la que la civilización se ha transformado hasta la actualidad. Ya sea desde los restos de una ciudad antigua hasta las viejas costumbres de una población, o los restos de nuestro pasado, todo da testimonio de cómo ha cambiado la humanidad, de las raíces que tiene cada sociedad y del camino que podría tomar, o no, en adelante.

El ideal de ciudad, está siempre lleno de patrimonio, el cual hay que respetar, conservar y acrecentar como obligación, por lo que debe presentar una estructura y trama unidas, llenas de testimonios del pasado y de proyectos de futuro, lo que genera integración y cuando una ciudad está cohesionada socialmente es porque ha sido capaz de generar espacios públicos de sociabilidad. La presencia constante de la historia en las ciudades tiene que ser el resultado de los actos públicos y privados que sucedieron a lo largo de los siglos, tanto en su estructura física como en la sociedad urbana. La presencia de la historia se hace evidente y visible en la vida cotidiana de los ciudadanos, cuando caminamos sus calles, nos condiciona, diferencia y configura como los ciudadanos que somos hoy, llenos de referencias del pasado y sueños de porvenir.

Como ciudadanos queremos vivir en un ambiente urbano, confortable, con todo cercano, rodeado de plazas cuidados, parques y vegetación. Servicios públicos y transportes cómodos, teatros, museos, restaurantes, cines, plazas públicas, deportes y ocio a la vuelta de la esquina, servicios médicos disponibles en la calle de al lado, disponibilidad de alimentos, servicios de mantenimiento, seguridad, control de la delincuencia, y una policía cercana y adecuada. En las zonas históricas, no nos damos cuenta que si no somos imaginativos en las políticas urbanísticas estas acabarán por ser necrópolis en lugar de polis y ello no debe ni puede permitirse bajo circunstancia alguna, como permitió nuestra sociedad que se desaparecieran el Arco del Triunfo en homenaje a los campeones nacionales de fútbol de 1928; el estadio de béisbol Rafael Hernández Pardo; la denominada Casa del Consulado, el antiguo Parque Santander o de los Cañones, Valneaop yu Vlin de Oficiales Ernest Pacific; el edificio del Correo Nacional; el Parque Bolívar, donde hoy se encuentra el Edificio de los Bancos, que contenía la más pequeña escultura ecuestre del Libertador exhibida al público de la que se tenga noticia y sabemos se encuentra a buen recaudo en el Batallón de Infantería Córdoba No. 5 de la ciudad; así como otras construcciones que emblemáticas fueron y dieron paso a edificaciones como el primer edificio de la beneficencia y muchas más; y, como si no nos doliera nuestro patrimonio, permitiendo estamos que se paupericen el edificio del Concejo de la ciudad donde otrora funcionó también la Alcaldía municipal y varias de sus dependencias, lo mismo que otros emblemas de ciudad, lo que habla mal y peor de nosotros.

Es perfectamente claro que estamos ante la necesidad de aumentar significativamente las densidades en los centros de las ciudades, a fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que como bien dice Ed Glasser, profesor Harvard, «Para salvar el planeta, hay que construir más rascacielos.» Modernizar un lugar puede ser necesario, proceso que no puede hacerse de cualquier manera, ya que no se puede perder la oportunidad histórica de hacer una ciudad densa y compacta. Y es que, como siempre, hacen falta buenos urbanistas y arquitectos, y no es válido cualquier diseño de ciudad compacta, ni de edificio alto y denso. No hacer ciudad arrasando los testimonios del pasado. Si mal lo hacemos, volvemos atrás como sociedad.

Tenemos que adquirir un compromiso con el patrimonio histórico, un deber de conservación con lo mejor de lo producido por la civilización urbana, que es cuando la defensa de la ciudad se conecta con la búsqueda de libertad y el derecho a ser diferentes y convivir en esa diferencia, sin radicalismos en las conductas: Santa Marta, nuestra ciudad, es en realidad herencia cultural, fuente de identidad y por tanto defender su patrimonio debe ser un acto poderoso que lleve a no permitir avasallarlo.

*Jurista 

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