HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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La perversidad de la Liga colombiana

Por: César Polanía 

Es paradójico. Cada que escuchamos a un directivo, un técnico o un jugador hablar, abundan las quejas por el sistema del torneo del fútbol colombiano, pero llega el día de la asamblea de la Dimayor y todo sigue igual. Y peor. 

La perversidad de la Liga colombiana atenta, fecha tras fecha, contra nuestro fútbol en todos los aspectos, menos en el económico, que es lo que más valoran la Dimayor y los clubes, porque a mayor número de partidos, más taquillas y más dinero por cuenta de la televisión y la publicidad.

Colombia es uno de los pocos países –no son más de tres— donde cada año hay dos campeones, producto de dos torneos cortos. Atlético Nacional acaba de coronarse campeón del primer semestre y los jugadores tuvieron apenas una semana para descansar y compartir tiempo con sus familias, porque en la siguiente ya debían estar en pretemporada. Es absurdo. Por eso, el técnico Hernán Darío Herrera tuvo el buen gesto de permitirles más descanso y puso al equipo a jugar el comienzo de la segunda Liga con los futbolistas que menos competencia tuvieron.

Los torneos cortos profundizan la mediocridad y con mayor razón en una Liga donde hay 20 equipos y casi que la mitad de ellos sobran, porque no tienen ni siquiera la estructura ideal para competir: les deben plata a sus jugadores, no cubren como debe ser la seguridad social, carecen de canchas buenas de entrenamiento y mucho menos tienen un estadio con las condiciones necesarias para un partido de primera división.

Los torneos cortos atentan contra los procesos en los equipos, porque a un técnico que recién llega al banco le exigen ganar la Liga en un semestre con los jugadores que tenga, hayan sido contratados con su visto bueno o sin él. Son pocos los equipos que le dan continuidad a un entrenador si no gana.

Los torneos cortos no permiten la consolidación de un jugador que llega como apuesta de los directivos o el entrenador al plantel, mucho menos cuando las lesiones lo afectan. Claro, algunos se enchufan rápido y ‘la rompen’, pero no todos son de esa misma estirpe o tienen la misma suerte.

Los torneos cortos no premian a los campeones, los castigan. Primero, porque les aprietan el calendario al máximo con Liga, Superliga, Copa Colombia, Copa Libertadores o Suramericana y por eso, cuando

salimos a competir internacionalmente, no hacemos más que ‘papelones’, evidenciando el pobre nivel de nuestros clubes, como lo hicieron este semestre Nacional, Millonarios, Junior, Tolima, Deportivo Cali, América, Medellín y Equidad. Y segundo, porque en la constante necesidad que tienen los equipos de negociar jugadores, una vez son campeones los clubes, terminan siendo desbaratados en busca de dinero.

Le pasó al Cali, que perdió seis de los jugadores titulares antes de empezar la Libertadores. Entonces, el mayor reto de los directivos es pasar la fase de grupos. Ganar la Copa es una utopía.

Qué bello era el sistema del torneo que vivió mi generación. Un campeón en un año. Todos los partidos, los miércoles a las 8:30 de la noche y los

domingos a las 3:30 de la tarde. La televisión no mandaba. Un técnico duraba en el banco. Los jugadores se volvían ídolos porque les daban tiempo.

Inglaterra, España, Alemania, Italia, Francia, Portugal… todas las ligas de Europa se juegan a un año.

No hay descenso por promedio. Los primeros ocho de la tabla van a los torneos internacionales. Los tres últimos, a la B. Está claro que no tenemos el mismo dinero. Está claro que es otro el nivel. Pero si adoptamos el mismo sistema del torneo, seguro que tendremos en Colombia una Liga con más calidad y competitividad. El resto del mundo no puede estar equivocado, ¡por Dios!/Colprensa

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