HOY DIARIO DEL MAGDALENA
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Soldado zonero víctima de mina antipersonal cuenta su historia   

En el departamento del Magdalena actualmente se encuentran viviendo más de 100 víctimas de minas antipersonal y artefactos explosivos improvisados. El departamento hoy está catalogado como un territorio libre de estos artefactos. 

Por Dagoberto Mata 

Crónica Especial  

Cada 4 de abril se conmemora el Día Internacional para la Sensibilización contra las Minas Antipersonal, y de acuerdo a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, 12.152 colombianos se han visto afectados por las minas antipersonal y municiones sin explotar desde el año 1990 a febrero de 2022; 7.286 de ellas son miembros de la Fuerza Pública y 4.866 han sido civiles. Hoy, les traemos la historia del Soldado Profesional retirado Darwin De Jesús Algarín Noriega quien perdió su pie izquierdo en desarrollo de operaciones militares en el departamento del Caquetá.

El soldado Algarín Noriega, nacido en la vereda Carital de Riofrío, corregimiento del municipio de Zona Bananera, Magdalena,  y, desde niño soñó con ingresar al Ejército Nacional con el fin de buscar una mejor calidad de vida para él y los suyos, pero jamás pensó que una mina antipersonal fuera a terminar con el futuro que se había trazado en esa institución militar, el ser uno de los mejores soldados del país.

Este magdalenense perdió su pie el año 2012 en el departamento del Caquetá, mientras velaba por la seguridad de los colombianos en esa región.

El uso de las minas antipersonal está prohibido por el Tratado de Ottawa por ser un medio y método prohibido de guerra que infringe el Derecho Internacional Humanitario y viola los Derechos Humanos, pero, sobre todo, que truncado los sueños del ser humano.

“Desde los 12 años comencé a trabajar en fincas de banano; para entonces en el pueblo las autodefensas tenían mucho control. A los 17 años me gradué como bachiller y el 12 de febrero del 2008 me presenté al Ejército. Al finalizar el bachillerato en el 2007 mis padres no tuvieron para pagar mi derecho a grado y la toga que eran 50 mil pesos. Mi hermana se graduaba conmigo y decidí que le pagaran eso a ella mejor; yo tomé el grado por ventanilla”, relata riendo.

El soldado Algarín Noriega dice además que, su servicio militar lo prestó durante 14 meses en el Batallón de Infantería José María Córdova ubicado en Santa Marta. Sus labores como soldado regular las realizó velando por la seguridad de los habitantes de varios municipios del departamento del Magdalena en donde jamás hizo un disparo con su fusil.

Al finalizar esa etapa de su vida militar, gracias a su buen desempeño fue escogido, sin saber que al término del curso de soldado profesional sería enviado a las zonas con mayor presencia de las guerrillas en el país. “Yo decidí irme para el Ejército porque quería un mejor futuro para mi familia; quería ayudarla, en especial a mis padres que no tenían muy buenas condiciones económicas. En ese momento un teniente me dio la oportunidad de irme para la Escuela de Soldados Profesionales (Espro) en Nilo, Cundinamarca, a donde ingresé a conformar el curso N.° 32 en el mes de septiembre del 2009”, cuenta.

Al finalizar su curso el 10 de diciembre de ese mismo año, fue trasladado al Batallón de Combate Terrestre N.° 1 “Los Muiscas”, el cual tenía su área de operaciones en el departamento del Huila y algunos municipios del Caquetá.

“Cuando estaba allá mi madre me pedía que me retirara; ella no sabía que me había ido de soldado profesional. Yo le dije cuando me faltaban 15 para graduarme. Me fui escondido. En ese momento ella me dijo: ‘hijo eso es muy peligroso, retírate’, pero no: Yo estaba ya avanzando. Me insistió diciéndome que me saliera que me conseguía un trabajo en una empresa carbonera, pero le reiteré que eso era algo que no tenía seguro. Le dije que esto me gustaba y que quería echarle para delante”, contó en medio de su timidez.

 ‘COMENCÉ A VIVIR EL CONFLICTO’  

En el Huila permaneció aproximadamente dos años, cuando por directriz del Ejército Nacional, su batallón pasó a fundar la Brigada Móvil N.° 27, la cual fue llevada a combatir a la guerrilla de las Farc en el Caquetá, uno de los departamentos donde este grupo guerrillero, hoy convertido en partido político, causó daños irreparables a la población civil y a las Fuerzas Militares.

Según cifras del gobierno nacional, en el departamento del Caquetá desde enero de 1990 al 31 de diciembre del 2020; 946 personas han sido víctimas de minas y municiones sin explotar, de las que 728 son militares.

“Todo esto fue un cambio muy duro porque venía de un departamento como el Magdalena; tranquilo, a uno como el que había llegado, la cosa era mucho más complicada en cuando a orden público. Ya aquí sabía el riesgo que iba a correr y el tiempo que tendría que durar sin ver familia”, explica.

Darwin De Jesús Algarín Noriega cuenta que uno de los momentos más duros vividos en el Ejército antes de sufrir la herida que hoy luce con orgullo, lo vivió en la vereda Puerto Amor del municipio de San Vicente del Caguán, luego que “nos pusieron un cilindro bomba en un puente y nos hirieron a cuatro compañeros. Fue uno de los episodios más fuertes de mi vida militar porque aparte de eso nunca había vivido un combate; el ver un compañero destrozado no es fácil y siempre marcará tu vida”, recuerda.

Este Veterano del Ejército Nacional de Colombia recuerda que, perdió su pie en medio de una operación de registro y control militar de área en la que tuvieron que caminar durante 20 días en busca de integrantes del Bloque Sur, en especial de los frentes 14 y 15 de las Farc en esta subregión de Colombia conocida como Los Llanos del Yarí. El desgarrador suceso se presentó el 25 de mayo del 2012, después de llegar a las 6:00 de la mañana a un río ubicado en la vereda Alto de Londres, jurisdicción de Puerto Rico, Caquetá, por donde no pudieron cruzar.

“A las 10 de la mañana de ese día se tuvo información que el puente estaba minado, por esta razón nos tocó hacer otro movimiento para cruzar; una sesión (15 solados) fue a hacer el reconocimiento para para pasar al otro lado. Ahí montamos el desayuno y el almuerzo; yo estaba de ranchero ese día. A eso de las 3:00 de la tarde nos dan la orden de hacer un nuevo movimiento para ver si la guerrilla bajaba por donde se encontraba un cultivo de coca. A mí me tocaba ir, teníamos que salir a las 5:00 de la tarde. Recuerdo que salí de último porque tenía las ollas sucias”, cuenta.

Al tomar contacto con sus compañeros, y caminar hacia la cima donde tenían que ubicarse, relata que, con la llegada de la noche tomaron sus posiciones de defensa. “El cabo que iba con nosotros impartió las órdenes a seguir, tomé mi hamaca, le dije al soldado Chiquillo; guía canino que estaba ahí conmigo, curso cualquier cosa yo cuelgo la hamaca de este palo a este, y me dice, ‘mejor amarra de ese palo a este otro”.

Tras aceptar la propuesta de su compañero, Algarín describe que, “tomé mi fusil, el chaleco y la hamaca para donde él me dijo, comencé a caminar y pisé la mina. En ese momento quedé inconsciente. Al rato recordé y estaba en un hueco en medio de un charco de sangre; pensé que me habían disparado porque tenía unas heridas en las manos y en la pierna derecha”.

Al verse en ese estado, el soldado cuenta que, supo que su vida había cambiado para siempre, el lamentable hecho aconteció poco antes de las 6:00 de la tarde, “vi a mi compañero y le dije: niche cógeme que estoy mal. Veía todo borroso, se me iban las luces. Él se metió y cuando me cargó; hasta ahí me acuerdo, volví y me desmayé. Cuando recordé el enfermero de combate ya me tenía canalizado y donde tenía las heridas ya estaba vendado”.

Tras el acto delincuencial, al soldado le fueron prestado los primeros auxilios y luego fue llevado en un helicóptero a San Vicente del Caguán, de donde fue remitido hacia el Hospital Militar Central en Bogotá donde inició su proceso de rehabilitación.

Darwin De Jesús Algarín Noriega hoy lleva una vida normal en la ciudad de Santa Marta junto a su esposa y sus dos hijos, y luce con orgullo la prótesis que ha mejoró su calidad de vida después de perder su pie al caer en el enemigo silencioso número 1 de un soldado; las pinas antipersonales .

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